(Del lat. solus ipse, uno mismo solo).
1. m. Fil. Forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo.
Laura y Juanma casi empiezan a salir el mes pasado. Decimos casi, porque nunca terminaron de dar el paso. Llevan mucho tiempo siendo amigos pero algo más, tanto que la mayoría de las personas de su alrededor creen que ya se habían liado hace mucho tiempo. Nadie, y eso les incluye a ellos, nadie sabe en qué momento empezaron las miraditas, las bromas, y las insinuaciones más que obvias. Sin embargo nunca llegaron a dar el paso. No vamos a culparles, hacen aquello que les han enseñado. Aprendieron de la televisión a no estar nunca con la persona que quieren, y de sus padres, a mantener una relación perfectamente funcional con alguien a quien no quieren.
Así que Laura, una de las noches en las que ambos estaban seguros de que esta vez sí que pasaba algo entre ellos, en un acto de hartazgo, despecho y borrachera, decide liarse con Pablo. Ahora ella está segura de que ama a Pablo, sin embargo, lo que Laura siente se parece más a una simple atracción por él, y necesita convencerse a sí misma de que le ama, porque lo que seguro que de verdad necesita es sentir que ama a alguien.
Cuando Juanma se entera de eso, decide vengarse; y cuando treinta y siete minutos después se cruza con Paula, se lanza a besarla sin mediar una sola palabra. El resultado es que Juanma recibe un guantazo en la mejilla izquierda que deja la zona enrojecida con la marca de los dedos, y Paula alejándose con un paso demasiado ruborizado para la imagen de soberindignación que trata de transmitir.
Pablo está feliz. Sabe que no está enamorado de Laura, pero le resulta atractiva; sabe que pueden pasarlo bien juntos y está decidido a ello. Quizá le diga más palabras bonitas de las que siente para mantenerla junto a él un poco más. Quizá simplemente sea sincero con ella y le diga lo que quiere, aunque hay que tener en cuenta que para Pablo la sinceridad es cosa de un instante, y lo que sienta hoy puede ser bien distinto de lo que sienta mañana. Por otro lado, se ha fijado en que esa chica del trabajo le lanza más de una mirada. Puede que esta vaya a ser su semana de suerte.
Paula llora desconsolada en su cama. Le hubiera gustado que las cosas con Juanma hubiesen sido diferentes, pero sobre todo le hubiera gustado que las cosas con Juanma hubiesen sido. Desea hablar con él, pero tiene miedo de llamarle. Después de lo de anoche no quiere ser ella quien confiese sus sentimientos. Desea que sea él quien vuelva a acercarse, aunque de un modo innato sospecha que, aunque lo hiciera, ella volvería a poner una barrera; no puede comportarse como si el bofetón nunca hubiera existido. Si alguna vez él lo volviera a intentar, se jura, no volverá a ser una cobarde.
A Alejandra le gusta quedarse parada en las estaciones del metro y observar los caudales de gente que van y vienen. Le fascina pensar que, aunque todos parecen una marabunta gregaria, uniforme, monopensante y sin un ápice de personalidad, detrás de cada uno de ellos hay una persona fascinante. Le gusta imaginar qué clase de mundo se esconde detrás de cada una de esas caras inexpresivas, pero sabe que la realidad siempre será mucho más rica y sorprendente que su imaginación, tan limitada por su siempre corta experiencia. A veces Alejandra se pregunta si alguna de las personas con las que se cruza no estará pensando exactamente lo mismo que ella en ese preciso instante. Le reconforta pensar que las apariencias son poco más que orientativas en el mejor de los casos. Alejandra cree que los demás creen que su afición es estúpida, o, más que eso, rara. Por otro lado, el hecho de que exista gente rara no hace sino confirmar aún más su teoría.
Tony siempre está revoloteando alrededor de Alejandra. A veces le declara su amor, a veces le pregunta que cuándo se la va a chupar. Alejandra hace caso omiso de él, o finge hacerlo, y en cualquier caso procura no pensar demasiado en ello e intenta evitarle siempre que le es posible. En cierto modo le asusta. A Tony le gusta mucho Alejandra, pero por otra parte ella le aterroriza; o más bien, le aterroriza la posibilidad de estar enamorado, así como la posibilidad de no estarlo y le aterroriza el enorme poder que Alejandra ejerce sobre él, pero también el no ser capaz de alejarse de ella. Así que trata de ocultar sus miedos y sus confusas paradojas en un fingido acto de valentía desmedida y sobreactuada.
Sonia piensa que Tony es un gilipollas. No por la manera en que trata a Alejandra, sino por no ser ella el objeto de su atención. Está acostumbrada a ser el principal y preferido foco de las miradas de todos los hombres de su alrededor. Por otra parte, si fuera ella el objetivo del tira y afloja de Tony, seguiría llamándole gilipollas, aunque, claro está, por motivos distintos.
En Alberto no se fijan muchos, pero él sí se fija en los demás. El gran dilema de Alberto es que no sabe a quién ama. Por un lado, Sonia es extraordinariamente guapa, y le ha dedicado alguna sonrisa aislada. Por otra parte, sabe que Alejandra es una persona muy especial; él cree (equivocadamente) que es el único en darse cuenta de ello. Si no tuviese al moscón de Tony cerca, las cosas serían distintas, suele decirse para engañarse. Alberto no se decide por ninguna de las dos. Cada día tiene una poderosa razón para inclinarse más por una que por la otra. En realidad, Alberto no está enamorado de ninguna de ellas, pero necesita desesperadamente creer que sí. Hace pequeños avances ocasionales con ambas, y los acumula como triunfos, aunque en realidad no significan nada. Hasta ahora, había mantenido ese statu quo que le mantenía en una cierta comodidad con sus pequeñas inestabilidades. Sin embargo, la otra noche, Juanma le presentó a Laura, y desde entonces... ahora sí que sí se ha enamorado de verdad. No sabe que probablemente en un mes Laura estará al mismo nivel emocional que Alejandra y Sonia.
No incluiremos aquí la historia de Marina, por el simple hecho de que Marina está desorbitadamente enamorada de David. El suyo es un amor libre, libre de la racionalidad, de las apariencias y de la simple necesidad de estar con alguien sencillamente por el hecho de no estar sola. Y, obviamente, cuando una persona proyecta toda su consciencia, sus intenciones y todos y cada uno de sus deseos completamente en otra, no estamos en condiciones de hablar de solipsismo.

La imagen es el famoso Autorretrato en esfera reflectante de Escher





9 comentarios:
Me ha gustado mucho esta historia, tal vez porque es parte de mi historia, tal vez porque es parte de tu historia, o la historia de alguien. Como Alejandra en el metro, yo observo a las personas y trato de adivinar cuál es la historia detrás de cada uno de los rostros anónimos. Muchas de las historias que imagino al verlos acaban escritas en mi blog. Otras, han acabado aquí.
Querida Favole,
me encanta esta entrada..que variedad de personajes e historias totalmente distintas pero a la vez unidas en un todo. Me encanta el haberme adentrado en esta historia llena de historias.
Besistos guapa!!
Ahora...no sé quien la habrá escrito,,,sois tres en tropiezos y trapecios,,,mmm pero me encanta!! :D y el nuevo estilo también!!
Y Giancarlo???? y Maria Eugenia???? y Rosa Elvira???? y Patty????
Uffffffff... gente, gente, gente. Cada una un mundo, cada una, una historia.
Buena semana... para cualquiera de los tres o... de plano para los tres :))))
Cada loco con su tema, con su hermosa y a veces enredada existecian.
Un abrazo trio.
Es como la canción de Luis Ramiro, "El Tío Vivo", nadie está nunca feliz porque a veces, en la vida, no se puede ser feliz con la persona que lo deseas, ya que es probable que esta desea de igual forma a otra.
Cuídate.
Me encanta la forma de llevar la historia, el libre albedrío, la soledad de la multitud.
Un besazo enorme. Se os quiere cada día un poquito mas.
Tenía la imagen de un arpa aun en la mente, un arpa enorme que vi camino de casa esta noche en una tienda de música.
Y como decía, leyéndoos este bellísimo relato, por su elaboración y narración, me vino esa imagen, cada cuerda era un personaje y la voz que narra, el amor tal vez, iba tocando su melodía y todos sin saberlo eran parte de un plural siendo singulares cada uno.
Menuda tontada de comentario :) pero fue así, y sé que una vez dejaran de tocar todo volvería al silencio y la quietud, pero he ahí en donde todo eso que subsiste en la historia, aquello que no se puede ver ni tocar, rompe toda lógica y, creo, mueve tanto la vida de cada uno de los protagonistas como del mundo entero.
Chapeau trio de ases, un abrazo!!
Yo no sé distinguir cuándo escribe X o cuando escribe Y, pero vuestra manera de relatar me hace sentir que aún me queda taaaanto que aprender, y me alegra haberos descubierto. ;)
Alejandra y yo, nos parecemos un poco jejej
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