domingo, 15 de enero de 2012

Cicatrices

Subió despacio y con dificultad las escaleras, apoyándose con una mano en la pared y con la otra en su gastado bastón de madera. Tuvo que parar a coger aire un par de veces y llegó sudando al primer piso. Los años no pasaban en balde y el hecho de que el baño estuviera en la primera planta suponía un enorme esfuerzo para su gastado cuerpo octogenario.

Avanzó hasta el baño y cerró la puerta. Abrió el grifo de la bañera y dejó que corriera el agua. Se desnudó despacio y suspiró frente al espejo, la imagen que devolvía era la de un hombre blanco, arrugado y lleno de cicatrices.

Empezó a recorrer con la mirada sus pies hasta que llegó al tobillo, siempre amoratado, fruto de los cientos de veces que se lo había torcido a lo largo de su vida, intentando alcanzar a la carrera todos y cada uno de sus sueños. Suspiró con nostalgia pues sabía que muchos de ellos habían quedado sin cumplir. Siguió subiendo por sus piernas hasta las rodillas, donde se apreciaba la marca de muchos cortes y heridas mal curadas, de todas las veces que tropezó. Sonrió. Se sentía feliz porque siempre había vuelto a levantarse. El recorrido terminó en el estómago, donde acarició con delicadeza un surco de más de quince centímetros. Tragó saliva y recordó todos aquellos golpes que había sufrido, las decepciones, todas las veces que tuvo que callarse la boca y tragar con todo. Se arrepentía de no haber encontrado las palabras exactas en el momento exacto, era seguro que ese simple gesto le habría ahorrado muchos disgustos y aquella cicatriz no sería tan grande.

Levantó la mirada y observó su frente, levantó soplando su lacio flequillo y una marca sobre una de sus cejas le hizo evocar las veces que se había tirado de cabeza sin comprobar antes si había agua. Las veces que se había estrellado contra las paredes. Tuvo un regusto amargo en su boca. Sabía que aquellos golpes lo habían hecho más fuerte pero le hubiera gustado que alguien lo hubiera advertido de que no todo era tan fácil como pensaba. Bajó hasta el cuello, justo donde un corte profundo cruzaba de izquierda a derecha, de las veces que se había sentido asfixiado sin encontrar su lugar, de las veces que se había dejado atrapar en la monotonía y en la desidia. De poco servía ahora lamentarse, eran momentos perdidos.

Detuvo aquel ritual que repetía cada día y se metió en la bañera. Accionó la palanca para que empezara a funcionar la ducha y dejó que el agua caliente resbalara por su cuerpo. A pesar del calor tiritaba y se sentía helado por dentro. Sabía que las cicatrices eran necesarias para no olvidar. Se enjabonó con cuidado mientras llevaba una mano a la izquierda del pecho, palpó con miedo y suavidad una última cicatriz horizontal. Lloró. Aquella era la marca que más dolía, la que arrasaba con todo, la que todavía después de muchos años inundaba sus ojos y bloqueaba todos sus sentidos. La marca de cuando perdió el corazón, justo el día en que murió su esposa.

Y sintió que envejecía un año más en un segundo...





Imagen: Maitezaitut

10 comentarios:

AprendizDeLaVida dijo...

Me ha gustado mucho. Tanto la manera de introducirnos a los demás en la mente de aquel hombre y sentir algo de sus antiguas heridas (ahora cicatrices) como la manera en la que hablas de las cicatrices sin odios ni rencores. Genial, de verdad.

Besos y abrazos desde Canarias

Ħαррy єyєs dijo...

precioso es poco...Me encanta. Hilar el tema de la vejez con la poesía de las cicatrices que nos marcan.

Oceanida dijo...

Wow. Creo que yo no sobreviviria.
Precioso. Un abrazo!

Karmen Zhan dijo...

Precioso el relato leyendo hasta a mi me ha costado subir las escaleras aunque se nota que el pobre abuelillo vive solo en su casa y no en una de las miles de residencias que inundan nuestras ciudades donde probablemente algunas cicatrices estarían ya minimizadas con la "rosa mosqueta" de alguna abuelilla en sus mismas ciscunstancias...los pasadobles hacen maravilas...
Suerte en los premios 20 minutos , si consigo darme de alta teneis mi voto
Un abrazo a los 3

bRuNi** dijo...

Precioso relato, es increíble la fuerza y la debilidad que se siente. Me ha resultado muy conmovedor la manera de sumergirnos en esa larga, dura y a la vez hermosa vida.
Un saludo.

bRuNi**

VANESSA dijo...

Las cicatrices no son malas, son la prueba de que hemos vivido, y esa del corazón es la prueba de que ha amado. Es mejor tenerla que no haber amado nunca.
Me ha encantado la historia.
Tres besoss

brujilla dijo...

¡¡Que hermoso, sientiendo
Cada palabra, como en cada estrofa palpamos lo que pasa diariemente
Las cicatrices, son parte de nuestra vida, es así...
Un blog, estupendo¡¡¡¡
Besos de brujilla

Carlos dijo...

Y cada línea de este relato aumenta su calidad un peldaño mas.

Ese instante ante el espejo, precedida por una escalera testigo de su esfuerzo, cada cicatríz escondiendo los golpes de la vida, y cada lagríma oculta entre las gotas de agua. Sencillamente precioso.

Un abrazo!

JCR dijo...

Somos conscientes del paso del tiempo cuando no podemos reconocernos delante del espejo, sabemos que tenemos el transcurso de los años por nuestros rasgos marcados, cicatrices buenas o malas que nos dirán si mereció la pena los años vividos.
Abrazos.

Sweet dijo...

Vine, guardé el link en la barra de marcadores, me fui, volví... y ahora estoy re contenta de haberlo hecho.

Buenísimo el relato, buenísimo el paseo por la memoria y hacia el final.. uffff!!! me ha tocado.

Muy bueno.
Mis aplausos y un muy fuerte abrazo desde Perú :)