lunes, 17 de octubre de 2011

De mis noches y heridas

Esa noche yo no tenía ganas de salir. Tenía miedo de beber para olvidar consiguiendo justo el efecto contrario: recordar con más fuerza. Sin embargo tampoco tenía ganas de quedarme en casa una noche más y la decisión fue clara.

Cuando nos presentaron me pareciste una chica normal, al principio fuiste con la que menos hablé del grupo. De hecho ni hablamos y llegué a pensar que no lo haríamos en toda la noche. Poco a poco me dejé llevar y el tiempo fue pasando, bailoteando como un muñeco de futbolín, adelante y atrás, en un frenesí falto del alcohol que no quería probar esa noche. Fue inevitable no enamorarse de tu sonrisa y las primeras bromas empezaron a surgir.

Establecimos contacto y empezamos a hablar. De todo y nada. De nada y todo. Ni siquiera sé si movíamos los labios o simplemente nos comunicábamos por sonrisas. Por complicidad. Pronto supe que eras una persona abierta y simpática, afable. Siempre dispuesta a dar la mano a quién te lo pidiera. Siempre ahí. Siempre constante y con una historia que cada vez me moría más de ganas por descubrir.

Y según pasaban las horas, notaba que estaba recuperando algo que había perdido hace mucho tiempo: la confianza. Hubo un momento en que la fiesta se apagó, y nos tocó caminar sin rumbo por Madrid, buscando un bar que nunca llegamos a encontrar. No me importó lo más mínimo, porque fuera, sin música, la conversación se tornó todavía más interesante y me pregunté una y otra vez si para ti todo estaría siendo igual de bonito que para mi. Me pareció increíble encontrar una persona con un mundo interior tan complejo, con las ideas tan claras. Con una facilidad de palabra y de inspirar confianza tan grande. No dejé de fantasear con la idea de volver a verte, en otro lugar, otro día...

No sé cuanto tiempo pasó, pero fue mucho. Aunque como todo, tuvo un fin, al día siguiente tenías que estudiar y llegó la hora de la despedida.

- “Hasta luego, me ha encantado charlar contigo, espero verte pronto”- fue todo lo que nos dijimos.

Y ahí quedé yo. Sonriendo como un idiota y tocado, como en el juego de los barcos. Le confesé a alguien lo que había pasado y lo que pensaba de ti. Que estaba “tocado” pero feliz. Que no buscaba nada más. El problema fue que pasado el éxtasis mi memoria tapó lo bueno y la noche terminó entre viejas batallas perdidas.

Y entonces lo tuve claro, un encuentro tan bonito debía permanecer inalterable en mi memoria, para poder regresar a él cuando hiciera falta, sin sentimientos contradictorios que alterasen el fondo de la historia. Sin más profundidad que la que alcanzamos aquel día, que para mi fue como hacer el amor con palabras.

No puedo mentirte, deseé que dieras señales de vida, que solicitaras mi amistad en alguna red social, para continuar o ampliar nuestra charla. No sucedió. Pero yo tampoco lo hice a pesar de saber tu nombre y saber como encontrarte. Quizás todo está bien así. A veces tener recuerdos bellos es parte de eso que llaman felicidad. Quiero recordarte así, en ese momento, sonriendo y charlando conmigo y quiero recordarme a mi mismo recuperando la confianza y deseando que esa noche no terminase nunca.

Supongo que esta no es más que una forma, como otra cualquiera, de darte las gracias.


9 comentarios:

Ladrón de Guevara dijo...

Seré el primero en decirlo: "Es idiota". Por muy bueno que fuese el recuerdo, es cobarde no buscar más por mieod a que duela, a que sea otra experiencia fallida.

Si no lucha, ya a perdido. Y ese recuerdo bonito se convertira en mil dagas clavandose a la vez con una única melodía: y si...



Pero la historia, me encantó.

Cuidaos.

María/A cualquier otro lugar dijo...

De acuerdo con el comentario anterior. Es un tanto cobarde, y ese recuerdo no permanecerá inalterable y perfecto, sino unido al inevitable "Y si hubiera vuelto a verla, ¿Qué hubiese pasado?"

Besos!

ely dijo...

Todos estamos en la misma línea. Quien no arriesga no gana, y de sueños perfectos se nutren las vidas más fracasadas. Piensa en ello, recapacita, deberías plantar fuerte los pies sobre la tierra,confiar en su sonrisa y en ese sentimiento. A pesar de que la relación se diluya en un tiempo breve,quizá solo exista un acercamiento, pero incluso en este caso, créeme, siempre vale la pena. Adelante. Suerte y un abrazo.

Nicole Sagan dijo...

Hola!!!
Muy bonito el cuento.
La verdad es que escribís muy bien, así que os felicito. Me ha enganchado desde la primera línea.
Saludos.

Schmetterling! dijo...

A veces es mejor conservar el recuerdo.
No sé, guardar la magia en una botella lanzarla al mar :)
Mua

Carlos dijo...

El efecto sedante del momento recordado frente al temor a que se desvanezca logran que el tiempo apacigue su efecto.
Pasa, sí, y con el las infinitas tentaciones de romper ese estado de las cosas, pero es mayor aun el miedo a una no respuesta, el miedo al olvido, el miedo a averiguarlo, y el tiempo pasa, pero sin que rompa el cristal de ese momento.

Un abrazo!

Anangeliam dijo...

No podemos vivir de recuerdos si tenemos posibilidad de convertirlos en realidad.

Aunque a veces sea dificil y perdamos la confianza, intenta al menos repetir la charla.

Suerte!

Verónica dijo...

La historia, preciosa. El fondo ... ¿Y por qué no intentarlo?

Besos

Drywater dijo...

"Hacer el amor con palabras". ¡Brillante!

Tal vez sí debiste llamar...

Un abrazo