lunes 3 de octubre de 2011

Ciencia, amor y soledad

Su sonrisa se abría de una forma que solo pueden hacer las sonrisas que son sinceras de verdad. Extendiéndose melifluamente, robando silenciosa el espacio reservado al resto de su cara, achicando sus ojos y sonrojando ligeramente sus pómulos. Ahora mismo, sin necesidad de que ella me lo pidiese, sería capaz de prometerle cualquier cosa.

Debo haber pensado la última frase en voz alta, porque ahora clava su mirada juguetona en la mía y con voz ensoñadora me pregunta: “¿Cualquier cosa? ¿Como por ejemplo el cielo?”

Le sonreí de forma bromista, me había pillado, pero no se lo iba a poner tan fácil de primeras. No – dije – el cielo nunca. El cielo no existe; el cielo no es más que una ilusión provocada por la difracción de la luz solar en la atmósfera. Prometerte el cielo sería prometerte algo etéreo... como no prometerte nada en realidad. El cielo no debe ser muy distinto al aire que nos rodea... solo que más frío y asfixiante. Puedo ofrecerte algo mejor que eso.

Ella rió divertida, le estaba gustando el juego y quería seguir jugando. Su lengua humedeció disimuladamente el labio superior sin dejar de sonreír y preguntó de nuevo: “¿La Luna?”

Esta vez no me pude resistir, el ligero movimiento de su boca no había pasado en absoluto desapercibido para mí, y había provocado la rendición incondicional de la última de mis ya de por sí exiguas defensas.

- Por supuesto, la Luna sin dudarlo. Te la prometería y te la regalaría sin vacilación. No te mereces menos, y por mi parte no tengo miedo de perderla. Sé que pienso más en ti que en la Luna, sé que me fijo más en ti de lo que me fijo en la Luna. Por ti no me importaría perderla, y si hay una sola persona en el mundo que la posea quiero que seas tú. Para que la guardes celosamente en una cajita y solo la abras cuando esté llena y reluzca con ese color anaranjado que tanto te gusta. O para que la lleves de un lugar a otro del cielo y seas la reina de las mareas. O para que la uses como colgante y compitas con ella para ver quién brilla más. No importa, si de mí dependiera, desde este mismo instante la Luna sería toda tuya.

Ahora su sonrisa era un poco más cerrada, pero al mismo tiempo más intensa, como si hubiese algo dentro de ella que pudiese escapar descontroladamente si se dejaba llevar. Bajó un segundo la mirada y la volvió a clavar en mí. Estaba un poco más sonrojada, el pelo le cubría parte de la cara. Algo en mi interior dio un extraño vuelco.

- ¿Y las estrellas? ¿Me prometerías las estrellas?

- Mmmmh..., eso es más difícil... Podría prometértelas sí, pero a cambio necesito otra promesa tuya. Necesito que si te prometo las estrellas me prometas a cambio que nunca te vas a separar de mí. Porque... Porque si el cielo va a ser completamente negro, entonces quiero tener la seguridad de que puedo refugiarme entre tu pelo.

Porque si te regalo las estrellas y pierdo esa sobrecogedora ilusión de inmensidad de un universo perpetuo e infinito que nos rodea y nos arropa; si se apagan todas las luces del cielo y descubrimos que es imposible sustituirlas por farolas; si no existen mayores distancias que la del horizonte ni otros planetas para naufragar si todo falla; si pierdo la perspectiva y el concepto de lejanía; si no quedan referencias espaciales que aseguren que no estamos perdidos; si los confines son sólo de andar por casa; si el aleph se reduce a proporciones irrisorias; si la misteriosa profundidad inintelegible del cosmos se sintetiza en un vacío trivial e ineluctable; si no somos más que un pequeño punto aislado en medio de una oscuridad devastadora y omnipresente... Entonces, por favor, agárrame fuerte y no me sueltes nunca, pase lo que pase.

Porque entonces me sentiría terriblemente solo.



Imagen de Science photo library

7 comentarios:

Vértigo dijo...

muy bonito! me ha gustado.

Ana Pepinillo dijo...

ohhh precioso, llevaba tiempo sin leeros :D

Schmetterling! dijo...

Que texto tan genial, es tan romántico O.o
Me gusta mucho, en serio!
Muaa

El Tonto de la Colina dijo...

En este mundo donde los vendedores prometen el cielo y los políticos prometen la luna, a los enamorados solamente les queda prometer las estrellas. Recuerdo haber regalado un par alguna vez. Al poco tiempo ella las regaló a su vez a otro que no las merecía. Hasta donde sé, todavía están circulando en el mercado negro de los sentimientos.

Mandarina dijo...

Me gustan vuestros textos!

Yela W. dijo...

Es una pena que lejos de las teclas y los folios este tipo de promesas suelan quedarse encajadas en el tópico de "prometer hasta meter y después de haber metido olvidar lo prometido"...

Cuanto más bonitos son vuestros textos que la vida maños.

Carlos dijo...

El miedo a la soledad, algo tan exclusivamente humano.
Tu relato reune de forma bella ese miedo y aquello que mejor puedo combatirlo, el amor. Posiblemente sea el amor y la soledad las fuerzas que sostienen el universo :)
Tal vez las estrellas no sean sino el resultado de esa batalla.
El romanticismo sigue vivo, y mientras eso suceda nunca estaremos solos.

Un abrazo desde esta noche sureña!