sábado 17 de septiembre de 2011

Odiomiedo a la distancia

En este lugar todos somos almas en tránsito, pasajeros, temporales y efímeros. Aquí nadie se queda más de dos, tres o cuatro días. Yo, que me quedo toda una semana, rozo el estatus de excepción aproximándome a bicho raro. Siempre hay alguien que llega y alguien que se va. Las palabras más comunes son “hola” y “adiós”. Las conversaciones son cortas, las amistades rellenan minutos.

Yo voy solo. Quiero creer que eso es una ventaja. Mi única opción para luchar contra esa soledad es depender de esos momentáneos flashes de personas. Y lo hago; entre otras cosas, es precisamente a eso a lo que he venido.

Y hay muchos, es imposible conocerlos a todos. Y entre la lluvia y el caos, entre unos y otros y otras cosas que no tienen nada que ver, fugaces e intermitentes; encuentras algunos que son especiales, que valen la pena, que brillan con luz propia.

Personas con las que haces una conexión sólida e instantánea, casi idílica. Personas por las que dado el momento, te la jugarías sin dudarlo. Personas con las que improvisas una extraña familia. Personas con las que tejes un férreo vínculo impremeditado a base de aire.

Personas que acto seguido desaparecen de tu vida.

Porque esas son las reglas, en este lugar todos somos almas en tránsito.

Y a esas personas las sustituyen otras, distintas, pero igualmente fascinantes. Y espontáneas. Y efímeras.

Odiomiedo a la distancia. Odiomiedo a la posibilidad de que todos esos lazos se vayan desvaneciendo poco a poco, diluyéndose en un voraz tiempo mucho más amplio que aquel en el que se han creado. Odioasco a la cuasicerteza de que tendrá que pasar mucho hasta que pueda volver a ver a cualquiera de ellos otra vez.

A veces el mundo se vuelve demasiado grande, hay veces que me gustaría vivir en un pañuelo. Si a cada persona que conoces y aprecias le entregas una parte de ti, estas despedidas hastanosecuándo tan ojalánoseahastanunca, son devastadoras, desmantelan el corazón y lo convierten en estatua de arena en constante erosión, azotada por continuos golpes de viento.

Decir incómodo se queda corto, injusto quizá se pase de largo: esas eran las reglas, nadie me debe nada, pero de un modo antinatural ahora yo me debo a ellos.

No debe ser sano hacer estas cosas, no puede ser sano destruir y reconstruir sobre cicatrices aún abiertas para volver a destruir de nuevo. Y sin embargo, si volviese atrás y tuviese la opción de volver a elegir, jamás me perdonaría el no conocerles otra vez.

---------------------------------------------------

Probablemente las personas a las que esto va dedicado no lo leerán nunca. De hecho, muchas de ellas ni siguiera entienden español. Aun así quería dejar constancia.

Thanks. I miss you.

Ehse



Imagen de ~mr-electricocean

5 comentarios:

María/A cualquier otro lugar dijo...

¡Cuánto tiempo sin poder leeros! Me alegro de que hayáis vuelto :)

El texto es maravilloso, y son unos sentimientos muy identificables. Aunque hay gente que se lleve una parte de ti al marcharse, también deja algo de ella, y, por suerte, ese intercambio muchas veces merece la pena :)

Besos!

El Tonto de la Colina dijo...

Algo de eso siento yo en los largos viajes en bus que hago de vez en cuando. Estás cuatro horas sentado mirando a aquella que mata el tiempo haciendo dibujos en un papel, a la pareja de enamorados que pasa todo el rato riendo y hablándose al oído, el sociable que busca conversación a todo el mundo. También está el que lee, se duerme, vuelve a despertar y a leer, la señora que no hace otra cosa que criticar todo y a todos en voz muy alta para que todos la escuchen. Al final del viaje, me pongo a pensar que todos tienen una historia, de la cual yo he sido testigo de uno de sus capítulos, y que todos han sido parte también de mi propia historia, aunque sea por ese pequeño lapso de tiempo.

Ladrón de Guevara dijo...

Me alegro de que volvais. Esas son las reglas, y amenudo, la ventaja de ir sólo, la ventaja de conocer a alguien que luego se irá, se convierte en desventaja cuando llegas al lugar donde nadie concibe esas reglas de complicidad temprana y extraños caminos entrecruzados.

Sin embargo, esas son las reglas y la belleza de aquellos días, supongo.

Cuídate.

ely dijo...

Cierra los ojos y busca esos efímeros instantes en tu corazón, porque allí se han convertido en eternos y podrás acudir a ellos siempre que necesites recordarlos, siempre que necisites sonreir rememorando cada momento, o llorar añorando a tanta gente maravillosa. Tienes tanta suerte, porque son muy pocos los que pueden transitar un lugar tan especial y encontrar gente con luz propia. No te imaginas cuánto os he echado de menos. ¡Bienvenidos de nuevo! un besazo.

Carlos dijo...

No hace mucho hallé entre las cajas que aun por pereza permanecían en el suelo de la casa una libreta de años ha. En ella había apuntado direcciones postales, teléfonos, mails, palabras que alguna razón tendría en su momento al escribirlas pero que no lograba descifrarlas dado el estado de la tinta, y bueno que había desde Aone en Japón hasta Escocia, Soria, en fin de todo, y de todo me encontré cuando traté de reconstruir las vias de comunicación.
Tu texto, de enorme profundidad así como lejanía, que nos acerca hasta casi rozar su contenido y se va despidiendo con la contundencia del destino, me hace ver que tenemos la llave de transformar esos ciclos en algo caóticamente bello. Que lo importante está en no olvidarlos, puede que suceda al revés pero da igual porque lo vivido es esa llave, y con ella la oportunidad de abrir las puertas que el tiempo, la casualidad o el destino pongan en el camino.

Mañana precisamente es el día del Alzheimer, y aun mas aprecio ese don de acordarme de tantas personas.

Un abrazo y bienvenid@s!!