martes, 26 de octubre de 2010

Sobre ruedas

Dos calles por debajo de la mía hay un cruce con poca visibilidad que obliga a frenar casi completamente en el ceda el paso a los coches que vienen por la izquierda. Sin embargo, al no ser un lugar particularmente transitado, la mayoría de los conductores que deberían ceder el paso cruzan sin apenas reducir su velocidad, y tras echar poco más que un rápido vistazo.

Este hecho es conocido por todos los vecinos, y por eso, incluso cuando bajan por la calle que tiene preferencia, prefieren frenar para evitar posibles accidentes.

Como un vecino más, era algo que yo también suelo poner en práctica. Sin embargo, en contadas ocasiones, cuando la vida me muestra su cara amarga, cuando el desengaño me ciega haciéndome ver todo con mayor claridad y mi corazón se derrite en densas gotas de petróleo, no sólo no freno, sino que piso el acelerador ligeramente, esperando siempre un impacto lateral en el que solo una puerta se interpondría entre yo y un enorme todoterreno. Como buscando un suicidio sin sentir la culpabilidad inherente al mismo. Crear mi propia catástrofe y no sentirme culpable. Insisto: por una sola vez no sentirme culpable.

Es como lanzar una moneda al aire y saber que por unos instantes puede ser tanto cara como cruz. En esa caída libre, en ese momentáneo "que sea lo que Dios quiera", la dictadura del azar, el hecho de no poder controlar ni siquiera mi vida o mi muerte me hace flotar en el limbo de las probabilidades y vivir la libertad inabarcable de aquel que ha sido capaz de arriesgarlo todo.

En esos preciados momentos mis músculos se relajan y una muy leve sonrisa se deja entrever en mi rostro expectante ante la posibilidad de otro conductor temerario; de que alguien termine lo que yo no he tenido huevos a empezar.



Imagen de ~febra-febra

12 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Todo un texto autodestructivo. Lo cierto es que nunca podemos controlar nuestra muerte o nuestra vida.

Josep Capsir dijo...

Buffff, la experiencia tiene lo suyo, yo de ti frenaría por si acaso, en cualquier accidente alguien que no tiene la culpa de nada puede salir perjudicado y no es plan.
Y ponte el cinturón... jajaja, hay que ver!
Un abrazo

Anónimo dijo...

A quien no le paso alguna vez?
Pero disciento con Marcos y yo afirmo que si tenemos el poder de elegir nustra muerte. Una cosa es jugar con el azar, tentar al destino...pero otra muy distinta es gatillarte las sienes...
Me ha encantado, chavales, son una maravilla!
Besotes desde Argentina!

Lucía Nazábal dijo...

Se me han puesto los pelos de punta!!.
Aunque para sentir riesgo yo no me jugaría la vida, frenen por favor, que quiero seguir leyéndolos jeje.
Un besito

Anónimo dijo...

Fatídicas palabras las suyas, existe un lapso de libertad absoluta, se llama inconciencia, pruebe a ingerir cinco alfajores de maicena de golpe y al mismo tiempo provocarse un estornudo, alguna que otra vez llega usted a experimentar un desvarío tan fuerte que lo lleva a pensar que está jugando una pulseada con Dios, eso sí, nunca uno vence.

Magnífica publicación, les envío un fuerte abrazo.

Merche González dijo...

Es una nueva versión de la ruleta rusa. Poner la vida y la muerte en manos del azar."Vivir la libertad inabarcable de aquel que ha sido capaz de arriesgarlo todo" Ese uso de la libertad, como que no me hace mucha gracia... :S

Desde luego, el texto propone una reflexión profunda. Enhorabuena.

Besos

María dijo...

Desde la duda constante y magnífica del texto anterior llego a este segundo irreflexivo de "dejarse llevar a ver qué pasa" y me pregunto, si en la dejadez de la audestrucción no habrá un intento de abandono de por los tropiezos y lo alto de trapecio.
Así que me respondo "NO"... y pienso que sólo un es un "texto"
Besos.

Aljole dijo...

Miro a un lado, miro a otro... Nada. Exactamente lo mismo que siento. " Nada".

Buen texto

ElenarTe dijo...

De la misma manera sencilla con la que sonríes y escondes esa terrible idea, tus palabras, precisas, concretas, hilan un fabuloso argumento. Sencillez y complejidad al mismo tiempo.
Te invito que leas " todo marcha sobre ruedas", de Virgilio Piñera (uno de mis autores preferidos) es un cuento corto, y aunque aparentemente no tenga más que el título en común, verás que detrás eixten ideas parecidas. Rutinas que quieren acabar con la rutina, humor negro, muerte cómica. Decisión y a la vez destrucción.

Un abrazo grande!

Historias entre Fogones dijo...

Hay momentos complicados y muy difíciles de los que parece que no podemos salir. Pero en otros lugares y no tan lejanos a nosotros, los problemas y las desgracias son tan extremas que no tienen la opción de elegir entre la vida o la muerte.
Yo te invito a que leas mi entrada y comprobarás el privilegio que supone vivir entre ruedas.
Como siempre, me encantáis. un beso.

Luismi dijo...

Entrada INTENSA, como el club de a lucha :D

elSant0 dijo...

Sorprendente de lo que somos capaces cuando nos ciegan las emociones. Más aun si lo pensamos fríamente.

Salu2