lunes, 4 de junio de 2012

Una segunda oportunidad

— Sabes que al apretar el gatillo no habrá marcha atrás, tendrás que venirte conmigo y aquí se acabará todo.

Sin apartar el arma de su sien clavó los ojos en las cuencas vacías y oscuras que lo hablaban con voz de ultratumba, arrastrando cada sílaba, grabándola a fuego en su cerebro.

— Esto es producto de mi imaginación, culpa de la adrenalina que estoy liberando -se dijo en un intento de apartar de su mente que tenía a la Muerte frente a frente.
— Dispara entonces. Tengo algo de prisa. Hay cuatro personas más como tú a las que esta noche tengo que hacer una visita.

Tragó saliva lentamente y volvió a mirar las cuencas vacías, cadavéricas. Notó cómo se le erizaban los pelos del brazo y la nuca y sintió un frío terrible.

— ¿Y si no disparo?
— Morirás igual, nadie puede escapar de mi. Llegará tu momento y yo vendré a buscarte.
— ¿Me estás juzgando?
— Yo no juzgo. Finalizo.

Volvió a sentir el frío y dudó una vez más. Cerró los ojos, amartilló el revólver y apretó el gatillo. Sonó un click vacío y el tambor giró. Unas lágrimas corrieron por su mejilla y arrancó en llanto por la presión contenida.

— Es tu última oportunidad. Te lo repito. Cuando encuentres la bala no habrá vuelta atrás.
— ¿Qué importa? Tarde o temprano tendré que morir.
— Hay muchas maneras de morir. Esta no es la mejor manera te lo garantizo. Me llevaré tu cuerpo pero no tu alma. Vagarás toda la eternidad buscando el sentido que no encontraste en vida. Estarás atormentado y me llamarás una y otra vez suplicando que vuelva a por ti. Y no lo haré. Yo no concedo segundas oportunidades.

En un segundo la Muerte se acercó a él. Tocó su cabeza con su mano esquelética y él sintió que se congelaba. Se le bloquearon todos los músculos del cuerpo y un remolino de colores nubló sus ojos, de pronto estaba en otro lugar, lejos de aquella habitación oscura. Era un parque soleado, había niños corriendo por todos lados. En un columpio reconoció a su hijo que reía a carcajadas, se vio a si mismo empujándolo mientras desde el columpio le gritaba “más alto papá, más alto”. De pronto otra vez el remolino y una habitación de hospital, su mujer acababa de dar a luz y el médico le colocaba en los brazos, envuelto en una toalla, con los ojos todavía cerrados a su hijo recién nacido. Jamás se había sentido tan feliz, nunca antes había visto algo tan hermoso ni se había sentido tan completo, notaba como su corazoncito palpitaba. Ofreció su pulgar y el niño cerró su manita en torno a él. El fruto del amor era algo realmente hermoso. Otra vez llegó el remolino y de nuevo volvió a la habitación oscura. La Muerte estaba ahora otra vez enfrente y volvía a mirarlo con aquellas cuencas vacías inescrutables.

Rompió a llorar, amartilló el revólver por última vez, respiró profundamente, contó hasta tres y quitó el cañón de su sien disparando contra el cráneo de la Muerte. Un fogonazo alumbró la estancia y el sonido restalló rebotando en las paredes. La bala atravesó limpiamente la frente abriendo un agujero por delante y otro detrás que se cerraron al instante. Terminó humenado en un boquete en la pared. En ese instante la Muerte se desvaneció.

Soltó la pistola que cayó al suelo tintineando, las lágrimas anegaban sus mejillas y no tenía fuerzas para hablar. En ese mismo instante su teléfono móvil recibió una llamada.

— Buenas noches, soy el doctor Ramírez, le llamo del Hospital General, ¿es usted familiar o conocido de Miriam Díaz?
 Tratando de contener el llanto dijo:
— Sí, soy su marido
Al otro lado del teléfono la persona contuvo unos segundos la respiración, midiendo bien sus palabras
— Lo siento mucho señor, no es fácil para mi comunicarle esto, ha tenido un accidente de tráfico, su hijo iba con ella. El niño está en la UCI. Ella ha fallec...

Se le cayó el teléfono de las manos y notó que el mundo se derrumbaba, le temblaban las piernas y le castañeteaban los dientes. Unos segundos antes había estado dispuesto a terminar con su vida pero la misma Muerte lo había evitado llevándose por delante la de su mujer.

Lo que nadie supo nunca fue que el destino ya estaba escrito. Aquel accidente debía ocurrir y un alma debía ser cobrada. Cuando la Muerte vio a aquel niño tan pequeño, tan frágil, tan puro, algo se le congeló por dentro. El niño cerró su manita en torno a uno de sus dedos esqueléticos y por primera vez en toda su historia, sintió calor. Sintió que su corazoncito palpitaba y supo que el fruto del amor era algo hermoso, algo tan hermoso que ni ella misma pudo soportar que se marchitara. Aquella noche la Muerte derramó una lágrima y concedió por primera vez una segunda oportunidad.


19 comentarios:

Verónica Calvo dijo...

Qué buena historia!!!
La muerte además de ser la gran justiciera, tiene su corazoncito, no lo dudemos.
Un alma pura puede conmover y hasta modificar conductas y oficios :)

Besos y aplausos

Luis Cano Ruiz dijo...

Me encantan las luchas contra la muerte. A fin de cuentas, hay modales que no hay que perder con nadie.

Cuídate.

María dijo...

El destino puede estar escrito así como la muerte.

Bonito relato, es u placer leerte.

Un beso.

Ester Del Pozo dijo...

Que pena que muriera su mujer...me gusta la idea de que la muerte llore ;)

me ha gustado leer la entrada.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Estoy sin palabras, me has erizado todos los pelos del brazo y he sentido un frío en la nuca. Intrigante, misterioso, un placer para la vista. Felicitaciones y besos mil.

Susana dijo...

Es impresionante. Me ha pasado lo mismo que a P. Un beso.

Laura dijo...

Totalmente de cuerdo. la muerte no juzga. Finaliza.

Buen relato.

Perséfone dijo...

Tremenda historia.

Supongo que la que siempre va vestida de negro, guadaña en mano, nunca das puntada sin hilo, pero es muy trsite que tuviera que cobrarse necesariamente un alma... Y que fuera esa precisamente.

Un saludo.

salvadorpliego dijo...

Con todo y el final, me dio escalofrío la lectura. Muy buena historia. Te felicito.

Maria jose dijo...

Interesante relato del que empiezas a leer y no lo dejas hasta acabarlo,he sentido un escalofrio al final porque no espera ese final pero me ha gustado,mis felicitaciones amigos,besitos

Noelia dijo...

Me ha traído a la mente varias cosas este texto, y solo puedo decir que a pesar de que esta hablando de la muerte, el texto me parece realmente hermoso ;)

Historias entre Fogones dijo...

Como siempre, me emocionáis y me sorprendéis.
La muerte es traicionera y me ha encantado la frase de que finaliza sin juzgar.
Se alimenta de almas y de engaños y tarde o temprano se cobra su presa.
Es así de triste y así de duro, no hay porqués que te reconforten, simplemente llega, atrapa y desaparece.
Quisiera creer que es capaz de conceder segundas oportunidades.
Un besazo enorme!!!

VANESSA dijo...

Me han entrado escalofríos!
Triste historia, aunque con un final casi feliz.
Todo el mundo merece una segunda oportunidad, pues en la vida somos actores sin haber ensayado antes.
Tres besoss

Vértigo dijo...

una segunda oportunidad... me gusta...

Drywater dijo...

Pero el padre nunca lo sabrá... ¡Qué duro!
Precioso, pero inquietante.

Un abrazo

Abbie dijo...

Luchas contra la muerte. Gran paradoja. Tiene que provocar un gran shock recibir una noticia tan mala.

Unknown dijo...

como ese latido en el sentido amor,
la muerte da segundas oportunidades,
en la fantasia de la realidad todos las merecemos,
saludos !!!! :)

Jota E dijo...

Llegué a partir de un comentario en mi casi olvidado blog, y me encuentro con ésto que me ha atrapado. Es lo que siempre quise escribir sobre la muerte, esa temida por unos, buscada por otros, dama con la cual tendré mi última cita, vaya a saber cuando.

Anónimo dijo...

Hasta la muerte tiene corazón. ¿Quién lo diría?

Un besote!