domingo 25 de diciembre de 2011

París


El avión aterrizó aproximadamente a las doce y media de un día de Navidad. Corrió para ser la primera en abandonar el avión y después corrió también por la terminal abarrotada de gente. Abandonó el aeropuerto a toda prisa y tomó un taxi en dirección al centro de París. Mientras veía pasar las calles por la ventanilla mil recuerdos se agolparon en su mente acompañados de olores, gestos y miradas.

Descendió del coche y pagó al conductor. Se despidió en francés y a la carrera por las calles adoquinadas se dirigió como una exhalación hacia la base de la torre Eiffel. Ese día estaba radiante, tenía el pelo rizado y tan rubio que brillaba. Los ojos verdes como un mar en calma y una sonrisa de oreja a oreja que súbitamente se desvaneció al ver que él no había llegado. En el reloj marcaban las dos y él había prometido llegar a la una y media. Buscó con la mirada entre todas las personas sin encontrarlo, se giró una vez y luego otra y empezó a impacientarse. Alguien tocó su hombro y tan ruborizada como sonriente se giró. Se sorprendió al ver que no era quién esperaba, ante ella estaba una anciana menuda, con rostro cansado y con un abrigo verde.

- Él no va a venir – anunció con solemnidad. Y una lágrima brotó por la mejilla de la chica estrellándose contra uno de los adoquines.

Cuando consiguió reponerse de la impresión Gretel miró de nuevo a la anciana. Era increíblemente pequeña y parecía infinitamente sabia…pero no le habían enseñado a fiarse de cualquiera. Así que la tristeza dio paso a la desconfianza y se sintió molesta.

- Disculpe- dijo conteniendo el temblor de su voz - pero creo que no la conozco.
La anciana sonrió lánguidamente y le clavó su mirada. Era inesquivable, profunda, más incluso que cualquier pozo que Gretel hubiera visto (y eso que había estado a punto de ahogarse en unos cuantos).
- No debes ponerte a la defensiva mi dulce niña, sé que no vas a comerte mi casita de chocolate, así que no tengo intención de hacerte daño- y acto seguido se puso a reír, pero era una risa melódica y ágil, como sus movimientos.
- Muy graciosa- dijo Gretel conteniendo también la risa- Sí… lo de mi nombre es un favor que un día tendré que devolverles a mis padres.
- Oh, pero sin duda acertaron…pues eres hermosa como las perlas.
-¿Dónde aprendió el significado de mi nombre?- preguntó Gretel fascinada. Quería parecer segura de sí misma, pero no lo conseguía, y aquella anciana le resultaba bien excéntrica.
- Digamos que no te desconozco del todo pequeña. Ven, te invito a dar un paseo.
-Un momento-contestó Gretel con rapidez- No puedo irme, estoy esperando a alguien, hay alguien esperand… pero sintió que no podía acabar la frase y se le hizo un nudo en la garganta.

Miró a su alrededor implorante y se sintió terriblemente perdida. Pensó que podría ponerse a llorar allí mismo, a los mismísimos pies de la Torre Eiffel…la maldita ciudad de las luces, la maldita ciudad del amor. Gretel se estremeció.

- Usted…Usted ha dicho que él no va a…
La anciana se acercó a ella y le acarició la mejilla.
- Ven conmigo niña. He venido a ponerte a prueba. Después de todo… es Navidad.

Gretel no sabía qué hacer. Aquella anciana había captado toda su atención; no quería reconocerlo, pero le fascinaba más que cualquier otra cosa en el mundo. Por otro lado, si él había dicho que vendría, significaba que, de un modo u otro, al final vendría.

Algunos copos de nieve comenzaron a caer distraídamente sobre su pelo ondulado. A su alrededor los niños miraban al cielo ilusionados, esperando tener al día siguiente una ciudad blanca y una jornada de diversión ininterrumpida. Los adultos lanzaban al cielo miradas desaprobadoras, esperando que la nieve no ocasionase demasiados problemas.

Antes de saber cómo, la muchacha de los ojos verdes seguía a la anciana de mirada abismal por la orilla meridional del Sena. Aquella anciana de la que no sabía nada, pero que parecía saberlo todo sobre ella. Gretel comenzó a hacerle preguntas sobre quién era, cómo se llamaba o cómo era posible que la conociese, pero su interlocutora siempre respondía con un silencio y una elocuente sonrisa.

Pasaron frente a los Campos Elíseos, cruzaron el río, atravesaron los Jardines de las Tullerías y comenzaron a callejear por la ciudad. En cierto momento, Gretel no pudo resistirse más y estalló: ¿A dónde me llevas? ¿Cuál es esa prueba de la que me hablas?

La anciana no respondió. Ni siquiera se giró a mirarla. A decir verdad, Gretel comenzaba a estar más que harta de sus silencios y de sus malditas sonrisas elocuentes.

Tras otra media hora andando, la anciana se detuvo en seco y miró a Gretel con una sonrisa tan cálida, tan amigable, que ella no pudo sino devolvérsela a pesar de lo enfadadísima que estaba.

- Ya hemos llegado.
- ¿Aquí? - Dijo mirando a su alrededor, donde no había más que una calle casi desierta, de la que se bifurcaba un callejón oscuro - Pero si aquí no hay nada. ¿Y la prueba?
- Ya la has hecho. Has renunciado al hombre al que creías que amabas simplemente porque yo, una vieja desconocida te lo ha pedido. ¿Creías que esta prueba te haría descubrir algo sobre ti? Pues ahora tendrás que hacerte las preguntas adecuadas. - La anciana rió fraternalmente - Porque... si me has seguido hasta aquí significa que en realidad no le quieres. ¿Verdad?




Imagen: MurphyL6

¡¡Feliz Navidad a todos los lectores!!

5 comentarios:

Vértigo dijo...

feliz navidad!

Karmen Zhan dijo...

La anciana seguía mirándola esperando una respuesta cuando sonó el móvil de Gretel, si contestó. Gretel?. si soy yo. Hola , escuchame con atención ,soy tu ,dentro de 6 meses...Ehh? Si , confía en mi/ti no contestes a esa pregunta pero si pregúntate , ¿que clase de persona que dice quererte es capaz de ponerte a prueba de manera tan extrema? Estas en estado de sock ,lo se. Yo/tú te contesto, una que se quiere tan poco que es capaz de perder a su amor, poniéndole una prueba que sabe que no va a superar ni de coña. Tú no tienes la culpa. Tú/yo sabemos que no es la primera que te prueba , de hecho te/nos prueba constantemente, tan poco merecedor de cariño se cree. Pobre¡¡¡ Mira a tras, va a pasar un taxi , cogelo y que te lleve a Colette, recuerda 213 Rue Saint Honoré , entra y comprate esos zapatos de Jimmi Choo edición especial con los que sueñas/sueño desde hace meses ,si,ya se que tardaras mucho en pagarlos pero hazlo, no te darán la felicidad pero te reconfortarán, es la manera simbólica de decirte a ti misma que cueste lo que cueste te mereces lo mejor y lo mejor no es alguien que te cita en la ciudad del amor en navidad para ponerte a prueba, un prueba ciertamente perversa.
Gretel colgó, sonrió a la anciana y sin mediar palabra , paro el taxi y se metio en él. 213 Rue Saint Honoré , por favor. Las lágrimas afloraron de nuevo a sus ojos. Justo cuando atravesaron los Campos Eliseos la iluminación navideña se encendió, los árboles tenían esas luces que parecen lagrimas de luz cayendo.Y pensó que la ciudad quería decirle algo, estaba en Paris, la ciudad de la luz .Eso era , ciudad de la luz para una persona de luz y entendió, no pudo menos que sonreír.

Soberbio¡¡ con relatos como este, el del Angulo muerto ,Nadie… y otros muchos es imposible no engancharse a vuestro Blog.
Feliz Navidad a los 3¡¡¡¡
Un abrazo

Karmen

ALRISAN dijo...

:D enhorabuena escritores,seguid así y...FELIZ NAVIDAD!! :D

Ladrón de Guevara dijo...

Espero que tegáis días buenos, felices, de eso que hagan volver con mil historias para seguir escribiendo, para no dejar de leeros, que es un de los mejores placeres de estos lugares digitales.

Cuídaos mucho.

Drywater dijo...

Tal vez la curiosidad mató al amor. Tal vez lo quería tanto que huyó de allí asustada.

Feliz Navidad. Nunca dejéis esto.