Él tiene unos ojos azules que con suficiente luz parecen verdes. Unos ojos verdes que esta noche parecen azules. Caminamos. Farola: verdes. Después, a cada paso: verdiazules, aguamarinas, turquesas... azules. Farola: verdes.
Su conversación se ha desviado. No sé en qué momento llegamos a este punto; no recuerdo cuándo me convertí en “la chica que no sabe qué hacer con su vida”. ¿Qué manera es esa de romper el hielo? Aunque, bien pensado, entre nosotros nunca ha habido hielo. Todo ocurre con una naturalidad increíble. Extraño si lo piensas, pero de ningún modo incómodo. Me tomo un momento para preguntarme qué sería de las relaciones humanas si todo fuese siempre así. Farola: verdes.
Vuelvo la vista atrás; la Ría, de día verde, de noche azul. Nos rodea el silencio, así que recogemos cuidadosamente cada palabra antes de que toque el suelo. No queremos manchar nada. Semáforo en verde, pasa un coche azul.
Seguridad. Nunca hizo falta romper el hielo. Hielo azul. El tono de nuestras voces. Las tonalidades del verde. Mi voz. Su voz. Mi voz. Su voz. Ideas verdes, palabras azules. Mi voz. Su voz. Sus vaqueros azules, mi foulard verde. Somos de colores.
Tras el corazón verde en el planeta azul. Hablamos de utopías antes de que nos atrape del todo la vida adulta. Caqui-ultramar. Las opciones siguen siendo limitadas y yo la chica que aún no sabe qué hacer con su vida. Esmeralda-zafiro. Aún le debo una respuesta. Verde que te quiero azul.
El eco de nuestros pasos. Bonsái verde, verano azul. Ahora un poco de frío. Lima-cyan. Frágil estremecimiento momentáneo. Heliógeno. A cada respuesta le acompaña otra pregunta. Verde malaquita, azul eléctrico. El frío condensa el vaho de nuestra respiración. Farola: verdes.
Ojos proteicos. Arco iris bicolor. Ciclo auroraboreálico. Cenit verde, nadir azul. Sinestesia cromática. Daltonismo selectivo. Viaje al centro de mi alma. Naturaleza verde, relámpago azul, naturalidad verde. Sus labios palpitan, mis labios palpitan. Azulejo azul, Verdura verde. Veo las palabras antes de pronunciarlas Fuego azul, fuego verde.
Nos acercamos al hostal. Última farola: verdes. Sin prisa por entrar. Calmazul, vibraverde. El futuro se desdibuja. Quizá el tiempo no tenga sentido. Caleidoscopio. Niños perdidos a la espera de Peter Pan. Peter Pan verde, Wendy azul. Vaya espejos del alma. Phthalo. Existe el mundo que me permito enseñar y el inmenso mundo que guardo para mí misma. Cielo verde, jade azul. Él trata de deslizarse en su interior. Arrobada. Lapislázuli verde, verdegal azul.
Entramos. Sostiene la puerta para que yo pase. Me mira fijamente verdes. Vuelve la vista hacia otro lado azules.
[Este relato, como muchos otros, tiene su pequeña historia detrás. Y esa historia prohíbe terminantemente que este relato pueda venir con una foto asociada.]





7 comentarios:
Uy, qué misteriosa esa aclaración del final :)
Me ha gustado mucho. Yo también me pregunto cuándo me convertí en la chica que no sabe qué hacer con su vida...
¡Besos!
Como siempre..., me ha encantado!
Besos
Aunque seas la chica que no sabe qué hacer con su vida, al menos tienes claro qué colores elegir..
Besoss
Te faltan aún el verde esperanza y el azul de metileno, que también son muy bonitos.
Tres besoss
Claro que sí. Los daltónicos también merecen un amor intenso y memorable, aunque para ellos el rojo pasión nunca lo será.
Grande, grande, inmenso casi.
Un abrazo
Sentir en blanco y negro es triste y monótono. En cambio los colores empapan la mente y la vida de esperanza y ojos especiales traspasan el alma y se quedan allí. Disfruta tus momentos a tope. Como siempre sois especiales y únicos. Un abrazo muy fuerte y gracias por estos regalos.
Con toda la fuerza del azul eléctrico y la calma del verde agua, te digo con toda la calidez del turquesa que me ha encantado este texto verdiazul :)
un besote
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