domingo, 13 de febrero de 2011

Media hora corta

Veintidós minutos y treinta y ocho segundos. Es esa maldita radiación: cada veintidós minutos y treinta y ocho segundos te golpea el cerebro y se come tu memoria, entra en tu cabeza como una ola rugiente y enfurecida y arrastra todos tus recuerdos fuera de ella entre un indefenso repiqueteo. Te vacía por completo. Quedas completamente en blanco, carente de toda información.

Entonces ¿Sabías que no hay nada más insoportable para tu cerebro que esa falta de información, el no-saber? Simplemente no está preparado para eso. Por tanto, en las siguientes milésimas de segundo ocurre un fascinante fenómeno que los científicos llamaron en su día CEH: cerebro-esponja-hiperactivo, aunque claro, ya ninguno de ellos es capaz de recordarlo.

En ese momento lo que tu cabeza hace es absorber toda la información que le llega por los cinco sentidos, procesarla junto con tus instintos y los pocos datos que milagrosamente el subconsciente ha sido capaz de retener y crear una realidad en la que todo eso encaje como sea. Como digo, esto apenas ocurre en lo que dura un parpadeo. Es un proceso tan rápido que no puedes darte cuenta.

El resultado es que lo que tú conoces como realidad no es más que una invención constante, el desesperado intento de tu mente de dar una respuesta a la pregunta “¿cómo he llegado hasta aquí?”

La mente se ha convertido en la máquina creativa por excelencia. Todos los recuerdos y convicciones que tienes en este momento son algo que has fabricado hace poco más de un cuarto de hora. No puedes tener certezas sobre tu familia, tus amigos, tu empleo... Indagar en cualquier tema es simplemente forzarte a inventar cosas nuevas. Quizá el amor de tu vida solo sea la chica que te miraba fijamente en el momento del reseteo.

Sí, claro que algunos recuerdos son capaz de salvarse, pero ¿Cómo sabes cuáles son? Nunca subestimes el infinito poder creativo de la mente. En cierto modo te has convertido en un artista infinito e ineluctable, eres capaz de reinventar el mundo desde cero una y otra vez; día tras día y sin embargo nunca llegarás a darte cuenta. Tu legado muere cada media hora corta.

No me crees ¿verdad? Claro, resulta mucho más simple pensar que soy yo quien está loco. De todas formas no importa demasiado, me creas o no, todo esto se te habrá olvidado en dos minutos y diecisiete segundos.



La imagen es de Peter Scoones

Esto es una pequeña pausa, próximamente volveremos con la tercera parte del relato largo Ahtan y Altaír. O no. Pero volveremos.

8 comentarios:

Unknown dijo...

sucede a veces con las crueles resacas, las jaquecas y los ruidos embotados en el oido,, che amnesiass,,, saludos, !! :D

Marcos Callau dijo...

Este texto me ha hecho pensar algo... pero creo que se me va a olvidar demasiado pronto jejeje. Aquí staremos esperando vuestro regreso. Saludos.

Pugliesino dijo...

Eso contando con que el tiempo exista y no sea una invención para tenernos controlados.
Porque no pasamos por el tiempo sino a través de los recuerdos, y sin recuerdos la nada.
Menos mal que es una pausa porque ello es la prueba de que el tiempo puede existir :)

Un abrazo!

Lucía Nazábal dijo...

y que siempre que entro aquí me ocuurre lo que escriben... aunque la verdad sería genial que en ocasiones esto fuera cierto y en esa media hora muriera ese legado para reinventar mi vida, el mundo hoy me da igual... y digo yo, que más da, si como dices queda menos apra que me olvide jaja

JCR dijo...

La única forma para no olvidar es contratar una memoria auxiliar, que lo grabe todo, que lo escriba, así podremos consultar, pero lo curioso es que cuando lo miras, lo lees, tu mente empieza con sus recuerdos y reconoces que en alguna parte quedo registrado, sólo necesitas un pequeño detalle para recomponer la escena.
Perdón ¿qué estaba diciendo?

María dijo...

En la espera de la continuación del relato de Athan y Altair, vuelvo a encontrarme con esas impresionantes disquisiciones de una mente que maravillosamente vive en el caos y en la duda, donde yo me muevo como pez en el agua.
En ese caos que ni siquiera sé si es lúcido (seguro que en ocasiones, no) puedo volver al pasado o mantenerme en el presente, evocando y reinventando momentos que a partir de una milésima de segundo, dudo si fueron reales o no aunque poco importa si a mí me valen.
Gracias por recodármelo.
Un besazo enorme.

El Tonto de la Colina dijo...

Juro que es cierto. cada media hora inventamos nuestras vidas y nuestro mundo, ayudados por el milagro cotidiano de llegar cada día a nuestro hogar del trabajo habiendo inventado antes un trabajo y un hogar, y siempre marcar un número que no conocemos realmente y que nos comunique exactamente con quien queremos conversar.
Significa también que nuestra vida, el mundo en que vivimos no es más ni menos lo que nuestra mente quiere que sea. Tal vez sea que el mundo que vimos oscuro y lóbrego hace tan solo unos minutos es ahora radiante y luminoso. ¿De qué depende, qué razones tiene la mente para mostrarnos una u otra versión? Ese es otro misterio. Hace tiempo logré descubrir ese secreto, pero, tal vez como mecanismo de autodefensa, ya lo olvidé.

Anónimo dijo...

Me he olvidado el contenido de mi comentario y del relato mismo, lo buscaré en el fondo de esta copa nueva.

Excelente, saludos!