Aquella noche tardé en dormirme más de lo habitual. Daba vueltas inquieto sin poder quitarme de la cabeza aquella idea que me atormentaba desde hacía días. Cerré con fuerza los ojos, una y otra vez, velozmente al principio y relajando finalmente el ritmo, esperando poder engañar a mi propio cuerpo obligándolo a caer dormido presa del agotamiento. Sin embargo surtió el efecto contrario y en lugar de abrazarme a Morfeo me abracé a los fantasmas de mi mente y me incorporé hundiendo la cara entre mis manos.
Me sorprendió la entereza que era capaz de mostrar ante el mundo y lo hundido que me sentía en la oscuridad de mi habitación aunque sabía que toda la culpa era mía por tomarme al pie de la letra sus palabras, por tomármelas como algo personal. El caso es que habían hecho mella en mi y ahora no me dejaban conciliar el sueño.
Y de sueños iba el tema o más bien de la ausencia de ellos.
Días atrás, mientras un sol de justicia abrasaba el asfalto y ningún valiente se atrevía a pisar las aceras, yo esperaba con un libro bajo el brazo apoyado en una farola. Mi cita se estaba retrasando y yo sudaba la gota gorda sin importarme lo más mínimo, nada podía quitarme la sonrisa de la cara, esperando su reacción ante el regalo, el primer gesto, inequívoca señal de lo que para ella significaría. Pasaron las horas y yo seguía aguantando estoicamente bajo el astro rey, con la sonrisa que poco a poco iba desdibujándose y derritiéndose en la calle según avanzaban las agujas del reloj. Nunca apareció ni contestó ninguna de mis llamadas o mensajes y llegó la noche.
Un tiempo más adelante volvimos a coincidir, no pidió disculpas y ni siquiera alteró la expresión de sus ojos cuando me dijo:
-No has sido nada para mi. Iba bebida. No sabía lo que hacía. No sueñes que vas a tenerme…
Y yo sonreí como un idiota. Quizás fue la última persona que me vio hacerlo porque desde entonces no volví a encontrar las ganas para ello.
Y ahora no podía dormir. Tenía miedo de soñar o más bien de despertar, siendo consciente de que nada era real. Ese era mi miedo: despertar. Jamás pensé que intentar regalar un libro que llevaba por título “formas de volar” iba a cortarme las alas, alas que en otro tiempo, juré no cortar jamás.

Imagen: ~Igrccrr



6 comentarios:
Muchas gracias por tu comentario. He leído Pregúntale al polvo y me encantó, cómo no. Léete Sueños de Bunker Hill, muy bueno también. Gracias por los comentarios, de nuevo.
Me gusta mucho¡¡¡.
Temor a despertar,a vivir, a qué sea todo real. Paradoja de los mundos paralelos y los deseos. Un abrazo grande
Un texto muy bueno y certero.
Me ha gustado mucho.
Con tu permiso, voy a leerlo de nuevo.
Cuídate.
Mi primer comentario en vuestro blog. Muy buen relato, cortito pero con un tema de los que siempre nos atacan. Soy de las paranoicas que a veces se pregunta si la vida no es Matrix ^^ .
Si nos cortan las alas para soñar, nos cortaran las alas para vivir pues la vida como alguien dijo es un sueño...
Precioso el relato..
Me encantó vuestra forma de escribir, volveré sin duda a seguir deleitandome con vuestros relatos, gracias por dejarme descubrir vuestro mundo.
Un besito y una estrella.
Mar
Por un lado, si realmente un@ va bebid@ y se lía con alguien por ese motivo es normal que no quiera nada más y es de agradecer la sinceridad.
Por otro lado, vivimos en un mundo con un inmenso vacío donde deberían estar el tacto y la empatía. Hay mejores formas de hacer las cosas.
Por un tercer lado, lo que sería el canto de la moneda, ¿vale la pena perder un segundo de sueño y/o las ganas de soñar por algo/alguien así?
Té para todos!
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