La humareda de las chimeneas llenaba el ambiente mientras el barco comenzaba a separarse metro a metro del muelle. Desde él varias mujeres agitaban pañuelos blancos en señal de despedida a sus maridos que desde la cubierta descuidaban un momento sus labores marineras para lanzar besos con la mano. En la otra punta, una chica con un largo vestido de lino blanco lloraba y no agitaba ningún pañuelo, miraba con tristeza contenida al más joven de la tripulación, que apenas llegaría a los veinte años.
-Nos veremos pronto –le había dicho él entre las sábanas la noche anterior.
-Te estaré esperando hasta que regreses –decía ella mientras se acurrucaba en su pecho.
Y ella se quedó dormida esperando que el tiempo se detuviera en aquel instante.
Como Penélope esperando en la orilla, así pasó días y semanas la chica. Mirando fijamente el mar, esperando que alguno de aquellos barcos que se veían en la lejanía lo trajese de vuelta a sus brazos. Pero el mar no traía noticias.
-Te escribiré postales desde cada puerto en que atraquemos –le prometió.
Ella creyó ciegamente en sus palabras y cada día le daba un vuelco el corazón cuando veía aparecer la bicicleta del cartero. Después no podía evitar derramar algunas lágrimas cuando pasaba de largo por su puerta. Cada noche miraba la luna y pensaba en él, preguntándose si él haría lo mismo cada noche.
Un día la esperanza murió de golpe y escribió con un palo en la arena su nombre, esperando que las olas lo borraran para siempre. En otra orilla de otro puerto, otra chica quedó esperando, viendo como un barco se alejaba, con la promesa de que recibiría postales.
Sobre cubierta el chico sonreía cargado de orgullo. Miraba la luna pero sólo veía su propio reflejo en ella. El buque ponía rumbo de nuevo a un puerto conocido, donde creía que una pequeña Penélope iba a estar esperando con los brazos abiertos.
Quizás fuera a llevarse el primer batacazo de su vida al descubrir que su nombre ya no estaba escrito en la arena. Un devorador de almas jamás espera que no vayan a estar esperándolo en la orilla…

Imagen de: Cubanita__4ever (photobucket)



13 comentarios:
Enhorabuena por tu blog! Lo apunto a la lista de cultura, no tenía ninguno.
Salu2 y suerteee!!
Me ha gustado mucho tu blog, y gracias por difundir al conejito, a ver si hay suerte :-)
Saludos y suerte!!
Me gusta este blog y la historia! Un besito y sigue así :D
Gracias por tu comentario en mi blog, me ha llenado mucho, de verdad, gracias!
Tu blog tiene muy buena pinta, en cuanto tenga un rato libre lo leeré, en serio.
Un saludo.
Besoss!
Gracias por tu comentario en mi blog, me ha llenado mucho, de verdad, gracias!
Tu blog tiene muy buena pinta, en cuanto tenga un rato libre lo leeré, en serio.
Un saludo.
Besoss!
Precioso, aunque triste. Suerte en los 20 Blogs :) Os sigo desde YA
Bonito blog y buen proyecto, enhorabuena a los tres.
Interesante relato, donde reflexionas muy bien sobre la vida, el amor... Coincido en como la vida se sustenta de ilusiones y el amor es una de ellas, posiblemente la mayor fuerza del universo.
Aunque este mundo lamentablemente esté lleno de marineros cultivadores de desilusión...
Gracias a los tres por vuestra parte de ilusionistas.
Un saludo
Qué bonita y triste historia! Me ha encantado la manera de relatarla, tan dulce.
Y lo del final q dices "devorador de almas",..., no has podido definirlo mejor. Devoradores de esos hay muchos sueltos por ahí.
Besos!
Bonita historia, aunque no me parece que sea triste, pues se ve que la chica al final se da cuenta y deja de esperar, y es posible que la próxima vez ya no se crea las promesas o tenga más cuidado con ellas.
Cuento con moraleja para los no tan niños, genial =)
Bonito cuento, con ese punto retorcido y moralizante que tanto me gusta :)
mm bueno. yo le echaría algo más de pimienta, pero está muy bien narrado, es la verdad.
Muy bueno! Una grata sorpresa en la blogósfera, un oasis agradable para un viajero fatigado como yo. Saludos!!
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