La chica no se llamaba Eventual, aunque eso fuera lo que indicase la identificación de su traje de enfermera. La chica se llamaba "ojazos", "pequitas", "buen humor", "carita de niña" y "sonrisa del día". Después se llamó Cruz Roja, pinchazo y hemoglobina baja ¿Sería así con todos?
No dejé de llamarla de distintas maneras mientras hablábamos: pronto se llamó “mierda, me ha tocado la fibra sensible” y ya no pude parar de hablar con ella... hasta que no me dejaron más remedio que parar de hablar con ella. La llamé "¡hasta luego!", porque no quería que fuese un "adiós".
Habría querido seguir dándole nombres; habría podido llamarla "pinchadedos", "la chica de la sonrisa infinita" y "persona entre la gente", pero no pude, pues me cegó la visión borrosa, me llamó el desmayo y me llevaron las sirenas y las luces naranjas hasta sábanas blancas con olor a alcohol y desinfectante.
La llamé: “¿Dónde estoy?” “¿Por qué lloras?” – Porque no puedo ayudarte.– Y poco a poco, con cada parpadeo, su cara comenzó a desvanecerse, y con ella sus ojos húmedos, sus pecas y el recuerdo de una sonrisa que ya más premios no podría ganar. Se fue mi último aliento, no pude llamarla más; se apagó la llama y después me apagué yo.
Pasaban los días; ella empezó a conocerme primero como “un paciente más” y después como “la gota que colma el vaso” y acabó cambiándose el nombre por "Prozac", por "alcohol", por "no quiero salir de casa ni ver a nadie más".
Había sido yo quien le insistió en que tomara el riesgo y aprobara la intervención que me mató. Por mi culpa murió "chica dulce", yo maté a “sonrisa para todos”, a “miss unidad móvil” pues sus ojos se han vuelto opacos y ya no sonríen, se han borrado todas las pecas de su boca y hay un espacio en blanco sobre la foto de su DNI.
Ella no tiene lápida y en la mía no caben todos sus nombres.
Y sí, la mayoría de esta historia se llama mentira, y además está al revés, pero como otras veces tiene su parte de verdad: os juro que Eventual existe, y tenía todas las de llamarse Permanente.
No dejé de llamarla de distintas maneras mientras hablábamos: pronto se llamó “mierda, me ha tocado la fibra sensible” y ya no pude parar de hablar con ella... hasta que no me dejaron más remedio que parar de hablar con ella. La llamé "¡hasta luego!", porque no quería que fuese un "adiós".
Habría querido seguir dándole nombres; habría podido llamarla "pinchadedos", "la chica de la sonrisa infinita" y "persona entre la gente", pero no pude, pues me cegó la visión borrosa, me llamó el desmayo y me llevaron las sirenas y las luces naranjas hasta sábanas blancas con olor a alcohol y desinfectante.
La llamé: “¿Dónde estoy?” “¿Por qué lloras?” – Porque no puedo ayudarte.– Y poco a poco, con cada parpadeo, su cara comenzó a desvanecerse, y con ella sus ojos húmedos, sus pecas y el recuerdo de una sonrisa que ya más premios no podría ganar. Se fue mi último aliento, no pude llamarla más; se apagó la llama y después me apagué yo.
Pasaban los días; ella empezó a conocerme primero como “un paciente más” y después como “la gota que colma el vaso” y acabó cambiándose el nombre por "Prozac", por "alcohol", por "no quiero salir de casa ni ver a nadie más".
Ella no tiene lápida y en la mía no caben todos sus nombres.
Y sí, la mayoría de esta historia se llama mentira, y además está al revés, pero como otras veces tiene su parte de verdad: os juro que Eventual existe, y tenía todas las de llamarse Permanente.






4 comentarios:
La piel de gallina te lo juro. Me encanta, de principio a fin, sobretodo la manera en que los concepto substituyen a los nombres propios. Es increíble como lo que las personas son para nosotros puede llegar a ser tan impactante.. Respecto al final...glorioso. Me guardo un par de frases para mí,que me han dejado huella :)
Un abrazo inmenso!!!
Hermoso relato, lindo solo le ha faltado dos nombres Esperanza para luego ser Desesperanza. Muy buen motivo para escribir, algo especial, extraño y común a la vez. Una hermos y triste historia...pero en algún otro plano volverán a decirse nombres sentidos, pero eso ya poco importará. Un cariño muy bueno.
Otro si digo: Pensándolo bien, yo conozco a alguién que podría llamarla...flequillo rebelde, ojitos habladores, calidez con pircing...podría estar hasta mañana. Otro abrazo.
Me ha encantado!no tngo más palabras.
Arriesgar es de valientes.
"Chica dulce" quiso ayudar y salvar al paciente y eso es lo que vale.
Vivimos en un mundo demasiado resultadista en el que se valora demasiado poco la intención. Hay que ir con cuidado y no todo vale, pero el mundo es de los valientes.
Son los que más se equivocan y los que más aciertan. ¿Vale la pena? Sin duda. Porque ellos mueven el mundo y escriben la historia.
Té para todos!
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