lunes 28 de noviembre de 2011

Nadie...

Y explotó. Explotó sin más. No hubo “boom” audible, ni sirenas de policía, ni carreras apresuradas para ponerse a salvo, ni siquiera señales que anticiparan lo que se venía encima. Explotó y aún así el mundo siguió girando. Un hombre se hacía añicos en el vagón en que viajaba, como un vaso de cristal que estallara sin más. Nadie se paró a ayudar. A nadie afectó. Nadie escribiría más tarde sobre ello. Nadie soy yo.

La pantalla del móvil se quebró al contactar contra el suelo, aunque en un intento por mantenerse en las ondas vibró unos segundos antes de apagarse para siempre. Una mano lo acababa de soltar y la persona a la que pertenecía aquella mano estaba blanco como la leche, como si acabara de ver un fantasma. No se agachó a recogerlo y clavó su mirada en el infinito mientras el tren iniciaba la frenada para efectuar una de sus paradas:

Sonó la música.

-”Próxima estación” .
-”Callao”.

Se bajó del vagón. Buscó el primer banco y se sentó a esperar. Nadie reparó en su mirada. Nadie cronometró las horas que estuvo allí sentado, mirando al andén sin más, sin alterar su gesto absorto. Mucha gente pasó por delante del banco pero no parecía notar su presencia. Sus ojos no se movían, sólo lo justo para parpadear. Al cabo del tiempo, sin otra explicación y aprovechando que un tren acababa de entrar en la estación se subió. Durante varias horas estuvo viajando de línea en línea, trasbordando aquí y allá, como un alma en pena, repitiendo el ritual que había comenzado en Callao. Moncloa, Sol, Atocha, Banco de España y Gran Vía fueron las estaciones que lo vieron sentarse por última vez. Después desapareció para siempre y nunca más se supo de aquel hombre.

Conocí su historia en la primera estación, yo estaba sentando junto al andén, con la mirada perdida y de pronto, cuando uno de los trenes que efectuaban parada se marchó, apareció justo enfrente de mi, clavando su pupila en mi pupila sin mover un sólo músculo de su cara. Era extraño porque aquel hombre parecía estar leyéndome por dentro pero lo que más me impactó fue que yo también estaba leyendo dentro de él. Supe sin más que había perdido a un amor y que desde entonces andaba perdido, supe que no era feliz, que trataba de buscarse desde hacía mucho tiempo y que su búsqueda había sido en balde. Supe ver la desesperación. Supe ver, sin más.

Sin darme cuenta estaba siguiéndolo estación tras estación. Mirada contra mirada siempre enfrente el uno del otro, siempre en silencio, siempre leyéndonos, como libros abiertos. Me explicó el porqué de su caminar sin rumbo, el porqué el pararse en todas aquellas estaciones. Y la respuesta era simple. Felicidad pasada, bellos recuerdos, dulce melancolía. Resulta que tiempo atrás, todas aquellas estaciones lo habían visto esperar con una sonrisa. Aquellas estaciones habían sido testigo mudo de un amor que nacía y florecía como un jardín. En aquellas estaciones había amado, había esperado impaciente la llegada de una mujer que por aquel entonces llenaba todo su mundo. Pero un día sin más, las cosas se torcieron y ahora se odiaba a sí mismo por haberla colocado en cabeza de todo su mundo, por haberla puesto por delante de todo, por haber amado sin condición. Lo consideraba una traición a sí mismo, un auto apuñalamiento, una auténtica estupidez sin más.

Creo que leyó en mis ojos que yo no consideraba que amar fuera estúpido. Que cuando se hace se debe hacer de verdad y fue entonces cuando supo leer dentro de mi todo lo que me atormentaba y todo lo que de un tiempo a esta parte me había estado torturado por dentro.

-¿Entonces por qué te odias a ti mismo? -escuché que preguntaba en mi cabeza. -¿Por qué te auto impones el dolor? ¿Por qué castigas tu mente una y otra vez?

-Touché -fue lo único que acerté a responder.

Y por primera y única vez, vi la sonrisa, aunque leve, de aquel hombre.

Seguimos leyéndonos un rato más, navegando y naufragando en nuestras penas. Hasta que llegados a un punto creí escucharle decir:

-Te enseñaré como se hace. Te enseñaré a reconstruirte. Esta es nuestra última parada. Te enseñaré a vivir de nuevo.

Y unos instantes después, explotó.

Al principio quedé aturdido, atónito. Busqué en el resto de viajeros alguna expresión o gesto que indicasen el mismo pánico que yo estaba sintiendo en esos momentos. Pero nada, todo seguía igual que siempre, nada había cambiado. Aquella historia parecía haber existido sólo en mi cabeza...

Regresé a casa. Triste, solitario. Pensando que había tocado fondo y que pasar por el psicólogo no era algo ya opcional y entonces, justo antes de entrar mi portal lo vi de nuevo, en la otra acera, de la mano de una mujer, sonriendo, con la mirada viva, alegre, con ganas de vivir de nuevo.

Me quedé mirándolo y él clavó su mirada en la mía también. Parecimos leernos de nuevo:

- Te lo dije. Te dije que te enseñaría como se hacía.
- Explotaste...yo lo vi, no me lo inventé, explotaste.
- Sí, exploté. Pero también explotó todo al principio, en un inmenso Big-Bang y de ahí surgió eso que ahora llamas universo y eso que ahora llamas mundo...
- ¿Estás diciendo que hay que explotar para renacer?
- Es menos doloroso que arder...

Pasó un autobús justó en ese momento y cuando su estela desapareció ya no había nadie al otro lado de la calle...

A nadie importó, nadie escribiría nunca esta historia, nadie nació de nuevo, nadie aprendió a vivir. Nadie. Nadie era yo.




Imagen: Eredel

9 comentarios:

Vértigo dijo...

que bueno...

Negrevernis dijo...

Qué real, esos nadies de la zona centro de Madrid...

El Tonto de la Colina dijo...

Relato cinco estrellas. Te felicito.

Ladrón de Guevara dijo...

A menudo pienso que tememos más rompernos de lo que luego lo hacemos. Si algo aprendes al estudiar historia (y entenderla, pensando en las personas que vivieron) es que al final, por muy mal que esten las cosas, al final siempre seguimos andando, y nos remendamos como buenamente pueda cada uno.

Gran relato.

Cuídate.

Karmen Zhan dijo...

La mancha de un mora con otra verde se quita .Un relato Genial¡¡¡

Karmen Zhan dijo...

La mancha de un mora con otra verde se quita .Un relato Genial¡¡¡

AprendizDeLaVida dijo...

Me encanta...

candela dijo...

Genial!

ely dijo...

El gran desconocido, nuestro pensamiento. Intentamos vivir otras vidas, sin tener en cuenta que la más importante, la nuestra, se escapa entre las manos. Sería maravillosos poder explotar para ser de nuevo, aunque sea nadie.
Maravilloso. Una abrazo muy fuerte.