Giré la llave, entré en casa…sabiendo que era más de medianoche, para ser exactos sabiendo que había dejado la media noche muy atrás, tanto que ya era prácticamente noche entera. Encendí las luces del comedor y me dejé caer en el sofá (acto seguido inicié el energético y rápido ritual al que me gusta llamar “zapatos fuera”). Pensé en lo mucho que adoro este sencillo gesto, en que aprovecho la mínima ocasión, la más inverosímil excusa para quedarme descalza. También pensé en ti, en lo mucho que te quise un día, cuando no cambiabas tus sueños y tu tiempo por dinero, cuando creías que hacer felices a los demás era bello, cuando a una le apetecía llamarte a cualquier hora…porque tenía la seguridad de que eso no te molestaba, de que ibas a estar ahí, de que se podía contar contigo. Pensé en que te vi hacerte mayor, de nada sirve ya negarlo, dejaste a un lado demasiadas cosas…tantas que al final se te olvidó volar. Pensé en todo lo que habíamos vivido cuando te importaban los sentimientos ajenos…cuando amarte era lo más fácil del mundo y además valía la PENA (sí, en mayúsculas). Pensé en las veces que habría bebido los vientos por ti, cuando aún creías que lo justo, lo inecesario y lo mágico merecían ser salvados…cuando te gustaba vivir en la creencia de que otro mundo mejor era posible.
Pensé en esto y en mil estupideces más…que a fin de cuentas, sin lo que fuiste, ya no tenían tanta trascendencia.
Y es que llega un momento en la vida de toda persona en la que tiene que decidir en qué equipo juega, a qué juega…y qué está dispuesto a hacer para ganar...En definitiva: quién es en realidad.
Y cuando digo esto no me refiero a qué nos dedicamos, ni a cuál es nuestro trabajo o nuestra función en la vida, ni que esperan los demás que lleguemos a ser…sino quiénes somos en realidad, que quedó de nosotros tras los cambios, los golpes, los altibajos, las decepciones y la desilusión.
Ciertos seres humanos somos lo suficientemente fuertes cuando queremos recuperar un amor, un trabajo, una casa…pero ¿qué sucede cuando lo que queremos recuperar (o en su defecto nunca quisimos perder) es a nosotros mismos?... ¿Cómo podemos recuperar algo que no sabemos en qué momento ni en qué lugar lo perdimos? Es más ¿cómo saber si existe todavía o solo nos estamos aferrando al pasado?
La verdad es que no había tenido un gran día. Había escuchado en algún lugar una gran verdad: “Llega un momento en que una persona debe preguntarse si quiere una vida de felicidad o de relevancia”. Yo siempre quise ambas, pero sabía que eso era imposible, son caminos opuestos. “Para ser realmente feliz una persona debe vivir únicamente el presente, sin pensar en lo que ha ocurrido antes y sin pensar en lo que vendrá. Pero si eres relevante estás condenado a regodearte en el pasado y obsesionarte de alguna forma con el futuro.”
Puede que al final, sin darnos apenas cuenta, la vida nos empuje a escoger sin querer una de las dos cosas….o puede que simplemente nos conformemos con la mitad de ambas, por comodidad, por mantener el equilibrio de la existencia. De lo único de lo que estoy segura es que no se puede gozar de ambas por completo y a la vez…lo sé, porque lo he intentado.
Así que… ¿cómo iba a recordar quién era en realidad?, ¿qué iba a salvarme cuando los pilares más básicos de mi vida (entre los cuáles estuviste un día) habían comenzado a ceder bajo el peso de las obligaciones y la realidad?
Pensé en lo mucho que amaba la juventud, esa edad de los sacrificios desinteresados, de la ausencia de egoísmo, de los excesos superfluos. Pensé que no quería perderla nunca, que quería conservarla para siempre en una pequeña parcela del alma. Pensé que por suerte aún creo en la suerte…y ésta me regaló al nacer una especie de marca identificativa, un estigma grabado a fuego en mi cuerpo que me recordaría siempre quién soy en realidad.
Porque puede que en noches como esta me sienta perdida, puede que a veces no sepa muy bien a dónde voy…pero no voy a olvidarme de dónde vengo. Aunque mirar hacia atrás incline la balanza y me convierta a veces irremediablemente en una persona relevante... y no en una persona feliz.
Soy, por encima de todas las cosas…LUNAR. Y no, no voy a negarlo, no voy a negarme.
[Y es que yo jamás pensé que algo tan pequeño pudiera ser tan importante.]






12 comentarios:
Y haces bien.
sabia reflexion!! me dio calma leerlo.. todos estamos perdidos alguna vez. encuentrate pronto, se feliz.
estuvo brillante!! mil besos
Yo creo que es una cuestión de sino. Hay personas que necesitan esa relevancia para ser felices, necesitan darle esas vueltas a todo, preocuparse por lo que fue y lo que será... Y luego estamos los que nos conformamos con que nos dejen tranquilitos.
Lo del lunar es terriblemente cierto. Yo tengo más de cincuenta y las mañanas que no me siento yo me dedico a contarlos.
Bonito cuello.
Creo que vivir el presente te hace mas feliz pero eso no implica necesariamente ser un desmemoriado ni tampoco dejar de ser un soñador.
O lo que es lo mismo este presente no sería tal sin lo que vivimos en nuestro pasado y además lo que vivamos en este presente forjara nuestro futuro con lo cual la relevancia no queda fuera esta ahí , se mezcla con esa felicidad ,con este presente, con aquel pasado y con el futuro.
No te agobies la teoría siempre es mas fácil que la practica.
Me encanta leeros y a partir de ahora a mis lunares también
La experiencia me dice que es muy difícil crecer sin obligaciones. Algunas veces a conciencia, la mayoría instintivamente, nuestro día a día es un cúmulo de actividades predestinadas, una vorágine de monotonía. Pero las gentes distintas son las que nos revelamos ante esta situación, ahondamos en nuestro corazón de adolescente, sabemos que hace falta más de un LUNAR para ser auténticos y aprendemos a convivir con equilibrio entre la risa y la responsabilidad. Y estoy segura que tu perteneces a esta raza. Como siempre me ha encantado. Un besazo muy fuerte
Increíble reflexión, desde el amor hasta la autoafirmación. Y luego convertir en protagonista de todo ese universo emocional a un humilde lunar. Bravo.
Me encantó, muy interesante ... y cierto.
Ya no me quedan más elogios para vuestros textos.
Perfecto como siempre.
Cuídaos
Las pregunta que se hacía no eran nada baladíes, de hecho pienso que lo que acontece en ese momento, allá donde se dé, contiene la existencia misma en esa búsqueda de las respuestas.
Y en toda esa vorágine surge algo que rompe ese impasse con enorme ternura, una identidad en forma de lunar que ha ido creciendo junto a recuerdos, sueños y vivencias, algo tan aparentemente frágil como grande es su determinación a seguir junto a ella.
Y ambos deciden seguir adelante! :)
Un abrazo!
Tal vez debiste apostar por la felicidad, aunque eso carece de relevancia.
Magistral, como siempre.
Un abrazo
Hola Tropiezos,
aquí ando, leyendo tus últimos posts y poniéndome un poco al día con tus blogs... Geniales posts, como siempre...
Un abrazo!
A medida que vamos avanzando, nuestro cuerpo va transfórmandose. Cambia nuestra apariencia, nuestra mentalidad hacia determinadas situaciones, nuestra forma de ver la vida, nuestra forma de caernos y levantarnos... Todo cambia. Sin embargo, hay cosas que permanecen constantes, en este caso tu lunar. Y son precisamente, esas cosas insignificantes las que nos hacen ver que si las raíces cambian, también lo hace el tronco.
¡un beso fuerte!
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