martes 20 de septiembre de 2011

La primera Hoja de un Cuento de Otoño

La siguiente es una de esas conversaciones que empiezan con un café y no se sabe nunca cómo acaban.

La señorita M y la señorita I habían quedado en el bar de siempre, más o menos a la misma hora que de costumbre (y, cómo era tradición entre ellas, las dos llegaban diez minutos más tarde de la hora acordada).

El frío había invadido de golpe la ciudad, algo cuanto menos impactante a nivel no solo fisiológico sino también en lo que se refiere al ámbito de las emociones, sobre todo si se tiene en cuenta que ambas eran dos seres con un alma de fuego que les latía por dentro.

El viento traía en su regazo viejas melancolías, suaves resquicios de esa inocencia infantil que todos guardamos en algún desván, esa inocencia de la que un día fuimos conscientes pero que, por diversos motivos, con el tiempo decidimos esconder y guardar bajo llave.

El otoño estaba ganando terreno, y la señorita I sabía que era en ese preciso momento cuando la señorita M empezaría a escribir sus cuentos con mayor soltura.

Por su parte la señorita M sabía que había llegado el momento preciso, ese instante en el cuál el asfalto comienza a cubrirse de hojas… M había observado durante años que era entonces cuando a la señorita I le resultaba más fácil decir “te quiero”.

I la emprendedora irrumpió en la cafetería y se dirigió a la mesa dónde M esperaba distraída con un café, libreta y bolígrafo en mano.

I- ¡Hola amor! ¿Cómo estás?

M- ¡Hola guapa! Acabo de pedirte el té…quería que te lo trajeran antes de que llegaras, sé que te gusta frío.

I- Gracias, eres un cielo…y te lo agradezco tanto…hoy tengo uno de esos días tontos y melancólicos. ¿Sigues trabajando en el cuento?

M- Sí, aún queda mucho…y además en cuanto lo acabe tengo que empezar con el siguiente, aquel que te expliqué. Aún le faltan varios botones y muchos remaches-dijo guiñándole el ojo.

I- Te pones tan contenta cuando escribes cuentos niña…se te ilumina la mirada.

M- Bueno…eso es porque creo que cualquier cosa hermosa puede ser expresada con un cuento, aún si este es breve- contestó con una sonrisa- Pero no obviemos lo importante: ¿Por qué estás triste tesoro?

I- ¿Sabes cuándo un día, de pronto y sin saber porqué, te das cuenta de que tuviste enemigos y te cogen ganas de llorar?

M-…Sí, creo que sé a qué te refieres… ¿pero por qué dices eso?, ¿es que alguien te ha hecho algo?

I- No, no, no es eso…es solo que hoy me he puesto a pensar en todas esas personas que un día me hicieron daño sin ningún motivo, personas en las que confiaba, personas a las que el tiempo cambió tanto que al final ya ni siquiera se las reconocía.

M- Entiendo. Hablas de cuando dejas entrar a alguien en tu mundo y ese alguien en lugar de construir cosas bellas en él para ti, o al menos contemplar y acariciar las que tú has creado se dedica a romperlo todo. ¿Esa clase de “enemigos”?

I- Precisamente- contestó con una lánguida sonrisa- los mismos que creías que iban a protegerte…

M- ¡Esos son los peores…la traición es una depravación detestable!

Ambas rieron.

I- ¿Por qué crees que lo hacen?, ¿porqué suceden estas cosas?, ¿por qué iba a querer alguien de la noche a la mañana convertirse en un enemigo?

M- … Allí dónde hay luz siempre hay alguien que intenta apagarla. Crecen, se vuelven competitivos, envidiosos…

¿Sabes? Hoy ha muerto una vecina de mi escalera, no tenía familia, estaba sola la mayor parte del tiempo. Era mayor, qué puedo decir…un encanto. Vivía dos pisos más arriba. Solía subir los peldaños uno a uno y despacito. Levantaba ternura con su sola presencia, siempre saludaba, siempre tenía una sonrisa en la boca, una palabra amable en los labios. Todos irán a su funeral…aunque dudo que ninguno de nosotros en el fondo la conociera de verdad.

I- ¿En serio? Es terrible.

M- Pues sí. Imagínate: 83 años, que se dice pronto, viviendo en la misma escalera y solo tienes "conocidos". No se puede decir de ninguno de nosotros que fuera su amigo…

M enmudeció y fingió quedarse con la mirada perdida.

I- Peque, no te ofendas…pero creo que no acabo de entender a dónde quieres llegar.

M- Esta mañana ha muerto un ser aparentemente precioso y ¿sabes qué ha pasado? Nada. Por cruel que suene: ¿Sabes cuál ha sido la gran pérdida? Ninguna.

I- …Nada… ¿en serio crees eso?... ¿Nada?

M- Sí, nada. ¿Sabes por qué? Porqué como no fue genial no tuvo enemigos.

Y con esta sentencia M miró a I a los ojos y esbozó media sonrisa.

I- ¡¡¡Eres de lo que no hay, siempre me engañas!!! Como se nota que llega el otoño, ¡tú y tus cuentos! ¡jajajajaja!

Te quiero…”- murmuró la señorita I mientras miraba a través del cristal como descendía lentamente una de las primeras hojas del árbol más cercano.

Y es que se empezaba a notar que había llegado el otoño, en efecto.






8 comentarios:

mexcalero dijo...

k transiciones o cambios habran?? saludos!! musas y buenas lunas y vibras!! :D

Ladrón de Guevara dijo...

A mi me pasa lo mismo con el otoño; o mejor dicho, odio el verano porque nunca salen historias ni versos que escribir.

Pero en fin, vuelve el frío, el té, el mate, los cafés calientes y los miles y miles de palabras que se unen para formar versos o historias.

Cuidate.

María/A cualquier otro lugar dijo...

Me ha gustado mucho, a ver qué nos depara el otoño...

Besos!

Drywater dijo...

Dicen que la valía de una persona se mide por el nivel de sus enemigos -o algo parecido-.
Es fantástico tu cuento.¡Qué bueno que hayáis vuelto!

Un abrazo

ElenarTe dijo...

Me alegra pensar, paradójicamente, que la genialidad tiende también a conleccionar enemigos, y con ello, la inquietudad que representa.
Efectivamente, se nota que está llegando el otoño. Pues de la misma manera que nos renovamos, vuelve la melancolía y la rutina.
Que toda la rutina sea escribir el camino de nuestra vida, siempre en forma de cuento.
Y que salgan los " te quieros" a mí ahora, al leer esto, me está saliendo uno ;)

ely dijo...

la amistad siempre es sincera, nunca anhela, ni recrimina, mucho menos critica. Amigos que presumen de serlo, en cambio, hay demasiados. No siempre te dicen lo que quieres oir, tan solo lo que necesitas escuchar para sentirte mejor. Una mirada, un abrazo, un te quiero. Hay que reconocer las señales y atrapar a quien te las regala, porque esto es lo más importante del amigo de corazón, da a cambio de nada. Con solo tener uno de estos amigos en tu mundo, sobra el resto. Como siempre sois fantásticos. Un besazo muy fuerte.

Carlos dijo...

Cuantas personas ven las hojas durante su vuelo, sus rostros tras el cristal, sus cuerpos sobre los bancos, sus manos queriendo escribir, sus labios guardando sonrisas, besos, palabras, sus oídos oyendo pasar la vida.
Tan cercanas, tantas, y tan solas. Debe ser el otoño.
Fantástica escena y muy bien narrado, el momento de la muerte de la anciana es muy logrado.
Un abrazo!

María dijo...

Se llena de nuevo el otoño de colores ocres en cada una de las historias de vida que desgranáis con la maestría de vuestra imaginación y la diligencia de la pluma.
Qué maravilla volve a habitar aquí, de donde he guardado tan gratos recuerdos y tantas emociones.
Mi beso y mi cariño y... bien hallados.