martes, 26 de abril de 2011

El encuentro

Llegó a casa tambaleándose y rebuscó las llaves en el bolsillo del pantalón, tardó en encontrarlas y cuando por fin lo hizo y las sacó se le escaparon de las manos. Se agachó a recogerlas y se golpeó la cabeza contra la pared. Frotándose el golpe con una mano y maldiciendo entre dientes, con la otra intentó encajarlas en el bombín. A la quinta consiguió abrir la puerta y corrió como pudo al baño tropezándose con todo lo que había en el pasillo.

Mientras vomitaba sus excesos no paraba de pensar en su encuentro, ¿por qué había tenido que ser justo aquella noche, justo cuando empezaba a olvidarla? Dos años hacía desde su último encuentro, setecientos treinta días con sus setecientas treinta noches en olvidarla y tan sólo diez segundos para volver a acordarse e ella, con más fuerza que nunca. Deseó con todas sus ganas escupirla, sacarla de su cuerpo y tirar rápido de la cadena pero cómo si de una lapa se tratase, ella se aferraba a sus entrañas, hiriendo y desgarrando cada rincón.

Había soñado con su encuentro muchas veces, con sonreírle primero y después gritarle a la cara. Con perdonarla, con decirle que no importaba, que lo único que le importaba era su felicidad, esa que no había podido encontrar a su lado y que quizás hubiera encontrado en brazos de otro.

Pero de repente supo que todo era mentira. No soportó verla sonreír, ni soportó que estuviera tan cuidada y esbelta, ni tampoco soportó al tipo se apoyaba a su lado con aires de prepotencia. Realmente le jodía verla tan feliz y ser consciente de eso le hacía sentirse aún más culpable.

Pensó en acercarse para saludar, quizás un qué tal cuánto tiempo hubiera arreglado las cosas, pero no lo hizo porque lo que más temía en el fondo es que ella lo hubiera olvidado, que no se acordara de él, que apenas fuera una mota de polvo en su pasado. Y se marchó del local, dejando atrás su risa, su perfume y su esencia.

Trató de olvidar el encuentro a toda costa, trató de pasárselo bien, trató de no pensar. Pero basta que trates de no hacer algo para hacerlo aún con más fuerza. Se bebió hasta el agua del último florero y tuvieron que sacarlo a rastras del último bar. Ahora escupía toda su vergüenza. Se limpió con la manga y a tientas fue hasta su cuarto para acostarse. Antes de cerrar los ojos derramó algunas lágrimas.

Y entonces lo tuvo claro. Su problema no era ella, su problema era que había perdido la esperanza.



Imagen: Daniel

15 comentarios:

Ħαррy єyєs dijo...

parece la confesión de una persona normal durante el finde semana. Muy realista, me encanta :)

ElFlaco dijo...

Me hizo recordar un tema que canta Victor Manuel que dice
"...una cosa yo te quiero preguntar
como puedes olvidarte de lo nuestro
y yo no puedo hacer igual..."

El Martin Fierro sentencia "Es zonzo el cristiano macho cuando el amor le domina"

Es sabido que nosotros no nos reponemos tan facilmente como ellas y que mientras ellas rejuvenecen nosotros envejecemos.

En fin cosas de la vida.

ElFlaco dijo...

Huy!!! blogger me dejo comentar, hace mucho que ponia mis comentarios y nunca salian, te sigo aunque no e haya notado.

María dijo...

Cuando el demonio del olvido parece que ya ha segado nuestras entrañas, un gesto, una imagen, un reencuentro... abre a bocanadas la herida y mana sangre a borbotones... entonces sólo queda aguantar y volver a empezar el viacrucis.
Tremendo camino por recorrer de nuevo.
Un beso enorme y mi afecto.

Marcos Callau dijo...

Excelente, muy bueno. Creo que la esperanza era ella. Puede que sea un error mezclar esperanzas y amor, como lo es mezclar alcohol y tristeza. Alcohol y olvido son agua y aceite. Abrazos.

Ana Pepinillo dijo...

muy muy bueno. besos.

LIT3RATI dijo...

Hola,

Me he convertido en lectora asidua de vuestro espacio!! Espero seguir disfrutando de vuestras palabras, palabras que en varias ocasiones ya han creado reflexiones en mi. Y es que dicen que el alma encuentra respuestas escondidas sin que nosotros nos percatemos!!

Un abrazo enorme lleno de fuerza!!

Vuestro proyecto merece la pena!!

Loreto

PD: gracias por la pirueta en el Trapecio!! yo no se hacerlas...pero mis mejores deseos para vosotros estan en este comentario!! :D

Gabriela dijo...

A veces tropezamos constantemente en nuestros propios miedos e inseguridades y creemos que lo que cambia es el rostro de los otros. Mírate a tí, y sonríete. En tí, efectivamente, está la esperanza de todo aquello que desees o añores.

Creo que uno de los momentos más subterráneos, más horrendos es aquel en que el alcohol,la tristeza y la inconsciencia de espacio-tiempo se pierden. Así que, estando en ese kilómetro 0, lo único que queda es reaprender a andar.

:)

soldeinvierno dijo...

No paro de leer esto, y es algo de la vida, algo que todos alguna ves pasamos, valla ! me ha llegado lo que han escrito nuevamente !!! saludos desde Chile :)

Luce dijo...

qué triste...

Jesús García dijo...

Un relato que muestra el inicio del final de un desengaño del que se creía libre, pero que escondido, agazapado, esperando el momento para autoinfringir dolor, sale y mata. Mata lo que quedaba de él, y de la esperanza.

Me ha gustado.

Un saludo
Jesús

María/A cualquier otro lugar dijo...

"Su problema no era ella, su problema era que había perdido la esperanza." Cuando alguien nos arrebata la esperanza, las ganas de seguir intentándolo, nos lo está arrebatando casi todo.

Un saludo.

Schmetterling! dijo...

Wa. Me ha encantado.
Es genial en serio.
Un muáá! Te sigo;)

ely dijo...

Siempre nos aferramos a la fantasía de lo que hemos creido amar, pero la realidad suele ser muy diferente y cuando la fantasía se convierte en realidad, hubieras preferido vomitar 10 noches seguidas para continuar creyendo en la perfección.
La esperanza normalmente está en la página siguiente del libro, solo tienes que seguir leyendo. Abrazos cariñosos y como siempre, fantástico.

mexcalero dijo...

suena a una noche de cruda y amnesia, chido :)