jueves, 24 de febrero de 2011

Athan y Altaír (Parte 3)

Para seguir el hilo de la historia: Parte I Parte II

No debéis creer que Altaír se sonrojaba fácilmente. De hecho, a ninguna Bruja que se precie de serlo se le sacan los colores así como así…pero había algo especial en aquel muchacho, algo que despertaba la ternura de Altaír.

-¿Cómo te llamas niño?

-Athan- respondió el joven sonriéndole con esa sonrisa encantadoramente embaucadora, típica de los bohemios.

-Tienes un nombre precioso- dijo Altaír con voz melosa- Bien, Athan, voy a ponerte en situación: acabas de destrozar mi huerto y no tienes como ni con qué pagarme este estropicio.

Y al ver que el chico lejos de responder seguía sonriéndole añadió:

-¿Sabes quién soy?

-Por supuesto que lo sé- contestó Athan con una simplicidad muy valiente (porque, y esto es innegable, Athan era valiente de verdad)- Todo el mundo en el pueblo sabe quién eres. Se cuentan muchas cosas sobre ti, sobre tu familia y sobre esta casa. Pero tranquila…yo no me las creo.

Sin duda no hará falta que os explique lo mucho que este gesto desenfadado sorprendió a la Bruja. Altaír no estaba acostumbrada a este tipo de impertinencias. Para ser exactos, Altaír no estaba acostumbrada a muchas de las cosas a las que cualquier ser con sentimientos debería estar acostumbrado.

-¿No me tienes miedo?- le preguntó con un gesto que mezclaba la admiración y la súplica.

Y el tono iba teñido de súplica porque en el fondo Altaír deseaba con todas sus fuerzas que la respuesta fuera no.
Athan la miró a los ojos, esas dos grandes libélulas oscuras y sin embargo tan llenas de luz que permanecían selladas, y no titubeó ni un segundo a la hora de contestar.

-No. ¿Debería?

-No.-le respondió Altaír ocultando un suspiro de alivio.

Y fue en ese preciso momento cuando Athan comprendió que aquel ser misterioso ocultaba demasiada soledad, demasiadas lágrimas, demasiada tristeza…demasiados secretos para un solo corazón.

Pero no quería ser descortés, así que no iba a ofrecerle de ningún modo su compasión…sabía que si dudaba por un momento de su fortaleza la orgullosa Altaír se sentiría molesta.

¿Verdad que era Athan muy inteligente?, ¿Verdad que tenía un corazón de oro?

Y es que nunca hay que tratar a una Bruja con condescendencia. Vosotros, que os habréis encontrado alguna vez en vuestra vida (o si sois muy afortunados tal vez hasta dos veces) con una hechicera, sin duda sabéis a que me refiero. Puede que ahora mismo no recordéis el momento ni el lugar, pero tranquilos. Suele ocurrir que, cuando nos hacemos mayores, se nos olvida que un día nos topamos de sopetón con la Magia…y al cabo de los años, sin venir a cuento y sin un porqué, ya veis, de pronto recordamos que hubo un día en que nos cruzamos con una Bruja. La mente humana a veces tiene unas cosas bien extrañas.

-¿Y a qué te dedicas Athan?, ¿Dónde vives?, no me suena haberte visto jamás por aquí.

-Digamos que voy y vengo, lo cierto es que soy como el viento. Duermo en cualquier parte: posadas, claros en el bosque, alguna cabaña…hace tiempo descubrí una ermita abandonada en las afueras del pueblo y allí es donde empecé a desarrollar mi profesión, si se le puede llamar así a lo que hago.

-¿Y qué es lo que haces a parte de componer versos, escribir y…corrígeme si me equivoco… tocar varios instrumentos?-preguntó Altaír intrigada.

-No, no te equivocas- contestó Athan con esa sonrisa que ya empezaba a atraer a Altaír irremediablemente- Bueno, lo cierto es que paso la mayor parte del tiempo adiestrando a águilas. Mi idea en un principio fue adiestrar a Búhos reales, ¡me encantan los Búhos! pero resultó ser muy doloroso para mí verlos en cautividad, y desgraciadamente solo hacen caso cuando se les domestica. En cambio las águilas son aves salvajes, leales, pero sin dueño. Uno puede dejarlas libres sabiendo que van a volver, que nada malo va a pasarles y que lucharán contra viento y marea hasta haber realizado su misión…no en vano son las reinas del cielo, saben cómo defenderse. Hay muchas personas que no comprenden que se puede ser amigo de un águila, aliado, pero jamás su dueño. Y sin embargo, son los seres más capacitados que conozco, y los más efectivos a la hora de surcar el firmamento.

La Bruja soltó una carcajada. Jamás en su vida (y creerme cuando os digo que había vivido mucho) había escuchado una cosa igual. Había oído hablar del adiestramiento de halcones, del adiestramiento de lechuzas…pero ¿águilas? Aquello le parecía fascinante. Y empezaba a pensar que aquel mágico chico no había aterrizado en su huerto por casualidad.

Veréis, lo cierto es que Altaír tenía un secreto, un deseo por cumplir…pero no adelantemos los acontecimientos, todo a su debido tiempo.

-Mmmm…creo que sé cómo puedes recompensarme por lo del huerto. Athan, necesito hacer llegar un mensaje algo peculiar, necesito algo que sea capaz de volar muy alto…y lejos, muy lejos. ¿Crees que una de tus águilas sería lo suficientemente fuerte y rápida para esta misión?-preguntó la Bruja con el brillo de la fascinación en sus ojos de gata.

-Tendrás la más veloz-dijo Athan acercándose a escasos centímetros de su pelo (quizá porque quería olerlo por primera vez)-Te lo prometo.

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-¿Alguna vez te has cruzado con una Bruja?-preguntó Altaír a Athan interrumpiendo la historia.

-Claro-contestó este, como si aquello fuera la cosa más natural del mundo.

-¿Y cómo es su pelo?- preguntó la inquieta Altaír, que siempre esperaba una explicación maravillosa de Athan.

Y la esperaba con razón, porqué él, en efecto, siempre se la daba. Así era Athan… maravilloso, y ya sabéis que de las personas maravillosas solo salen cosas maravillosas, valga la redundancia.

-Pues las Brujas habitualmente tienen una larga cabellera negra, que les cubre los hombros. Y créeme Altaír, es tan brillante que cada pelo suyo parece un hilo de luna. Pero eso no es lo más curioso. O no, no, no…aún hay más. Lo mejor es que cuando se ponen contentas la melena les crece más deprisa, aproximadamente dos centímetros por segundo de felicidad. Por ejemplo: se sabe que una Bruja se ha enamorado cuando la melena le llega aproximadamente a la altura de la cintura.

Esta explicación le pareció a Altaír tan preciosa que casi habría jurado que en esos momentos sintió como a ella misma le crecía el pelo. Y de no ser porque estaba ansiosa por continuar el cuento habría ido hasta el espejo del baño a comprobarlo.
-Sea así pues-le dijo a Athan dándole un abrazo.

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La Bruja invitó al joven trobador, poeta, vagamundo y adiestrador de águilas a que pasara dentro, y se puso a preparar café.

Cuando Athan se sentó en la silla un gato negro saltó sobre su regazo y le miró de manera inquisitiva, como si pudiera verle el alma. Iba a decirle a Altaír que no estaba seguro de si le caía muy bien a su gato, pero cuando se disponía a hacerlo algo llamó su atención. Juraría que la Bruja tenía el pelo más largo que hacía apenas unos segundos.

-“A nadie le crece el pelo tan rápido”-pensó el chico-“deben ser imaginaciones mías”.

-Tranquilo-dijo Altaír como si le hubiera leído el pensamiento- Es Miau, un viejo amigo, no te hará nada…si te portas bien, claro. Y soltó una risita maliciosa.- ¿Sabes que las Brujas podemos leer los posos del café aún con la taza llena?

-¿De veras?-dijo Altaír entre intrigado y divertido -¿qué dice el mío?

Altaír miró con fingida atención el contenido de la taza.

-Que tengo un jardín de lilas detrás de mi casa…son unas lilas muy peculiares, solo se abren las noches de luna llena. Y que, si quieres, puedes quedarte esta noche a dormir, para que te las enseñe.

Y, con el pelo un poco más largo de lo normal, sonrió.

8 comentarios:

María dijo...

Es una delicia esta mezcla de brujería, ternura, magia, sabiduría y misterio.
Me quedo yo también a dormir esta noche en casa de Altaír, para conocer el jardín de lilas que sólo se abren con la luna llena (como yo)
Besos siempre.

Ladrón de Guevara dijo...

Antes de empezar a leer la primera y segunda parte, os dejo un saludo y mis mejores deseos, ahora que le tiempo me ha permitido dedicarme un poco más a mi, en vez de tanto estudio y trabajo.

Cuidáos mucho.

Marcos Callau dijo...

Muy bonita metáfora en el jardín de las lilas bajo la luna llena. Uno no se puede resistir a esas invitaciones... y menos viniendo de una bruja. Si ya lo dice la canción "Todo lo que aprendí, me lo enseñó una bruja..."

Por cierto que me encanta el mundo de las Águilas y su adiestramiento. De hecho solía, de pequeño, quedarme embobado con los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente en los que adiestraba águilas. Me quedé fascinado con esos animales y su maestuosidad. Saludos.

ELY dijo...

la maravillosa magia de este relato me ha hechizado, como lo hacéis vosotros con cada uno de vuestros escritos. Se os echa de menos. No tardéis tanto en volver. Se os quiere.

JCR dijo...

Lilas, noche, personalidades, unidas al misterio, la intriga, la magia, buenos ingredientes para no rechazar una invitación a la curiosidad, la tentación de conocer algo nuevo ¿será la brujería?
Saludos.

Carlos dijo...

Cuantas peluquerías han dejado sin final tantas historias de amor!

Afortunadamente no aparece oficio tal en esta historia y voto a brios que no aparezca y siga su discurrir con la intriga, misterio y belleza de cuento que la envuelve.

Un abrazo!

Drywater dijo...

Está claro que las lilas son licántropas. Cuánta ternura en esta historia. A partir de ahora, cuando me digan que me crece mucho el pelo, me acordaré de ella.

Un once, como siempre

Gabriela dijo...

Hay corazones que se salen por la boca cuando aquel que suspira lo hace hondamente. Es ahí cuando ves que, efectivamente, esa pequeña bocanada de aire, cuán apuntador, nos susurra quién tiene un corazón de oro. Althair y Athan lo asoman,como buenos personajes disfrazados del aliento de quien lo escribe , sin duda.

Ah! A mí también me está creciendo el pelo ;)